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Manifiesto de Campaña: 70 años de guerra. OTAN no, bases fuera

El siguiente documento constituye el posicionamiento político del FAI en relación con la OTAN, las bases norteamericanas y la aceptación por el estado español de la complicidad en sus crímenes.

Animamos a las diversas organizaciones que comparten nuestros planteamientos antiimperialistas a que manifiesten su adhesión a este Manifiesto, en el formulario que figura al pie de página.

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Llamamiento a la Campaña 

“70 años de guerra. OTAN no, bases fuera”

 

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“Cese la filosofía del despojo y cesará la filosofía de la guerra”

(Fidel Castro ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, septiembre de 1960)

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La guerra imperialista

El 4 de abril de 2019 se cumplen 70 años de la creación de la OTAN. Fundada para impedir el éxito de cualquier alternativa al modelo capitalista occidental, compromete a todos sus socios con un objetivo común bajo el mando único de los EEUU y ajeno a cualquier control democrático. Su guerra de aniquilación contra el mundo socialista solo fue impedida por la certeza de una destrucción mutua asegurada.

Tras la caída de la URSS, la ausencia de su contrapeso en el concierto de las naciones permitió el desencadenamiento de numerosas intervenciones militares directas (desde la OTAN o por coaliciones de conveniencia de sus aliados, pero utilizando los medios de la OTAN) e indirectas, a través de ejércitos de países vasallos o de combatientes irregulares, además de acciones de hostigamiento, desestabilización y cambio de régimen contra todo estado que se resistiera a sus designios

Todas estas intervenciones, en conjunción con otras medidas menos visibles de guerra económica, mediática, ideológica, jurídica, etc., constituyen la manifestación más elaborada del imperialismo, por cuanto implican el uso de la fuerza para conseguir el dominio de un país sobre otro.

Guerra irregular

La magnitud de las intervenciones y las dificultades para su gestión directa por parte de las propias fuerzas militares occidentales han movido a sus estrategas a una “guerra de cuarta generación”, en la que se combinan todos estos factores y en la que juegan un papel de primer orden los fundamentalismos religiosos y los tráficos ilegales de todo tipo, fácilmente instrumentalizados para constituir bandas militarizadas capaces de enfrentarse violentamente contra gobiernos y debilitar su capacidad de defenderse.

La extensión del terrorismo ha causado innumerables víctimas inocentes, fundamentalmente en los países de mayoría musulmana; pero se ha hecho presente también en los países centrales, con la consecuencia de un incremento exponencial en la demanda securitaria y en la aceptación pasiva de todo tipo de recortes en derechos y libertades.

Los nuevos actores

El crecimiento económico de China, asociado al proceso de globalización de los años 70, la ha colocado ya como el principal competidor de EEUU; las reiteradas traiciones de EEUU a la política de transigencia de la Federación Rusa han movido a esta a un desarrollo espectacular de sus sistemas de armas, tanto convencionales como nucleares.

La actual alianza de China y Rusia hace evidente el declive de la hegemonía euroatlántica, lo que hace más peligrosa cualquier posible respuesta a la desesperada; la hegemonía, sin embargo, no parece mermar en el ámbito ideológico-cultural, en el que juegan un papel de primer orden las industrias culturales y los medios de comunicación, en manos de grandes corporaciones multinacionales dominadas por el capital sionista.

Mientras se hacen patentes los conflictos de intereses entre los socios de la alianza euroatlántica, el sometimiento de la UE a EEUU se hace a través de la OTAN, organización que parece actuar con vida propia y que va mas allá de la mera fuerza militar para internarse en las organizaciones terroristas, en el control de Internet, en la generación de la propaganda de guerra, en la vinculación con el complejo militar-industrial, en el control interno de la población y en las decisiones políticas supuestamente soberanas. De esta manera va forzando el cerco militar a Rusia y la implicación de la propia UE en la implementación de la estrategia de rechazo y acoso, con desprecio absoluto de la voluntad de su población.

El hostigamiento contra Rusia está desmantelando los pocos avances que la humanidad había logrado hacia el control y abolición de las armas nucleares, al mismo tiempo que se multiplican las provocaciones, las amenazas de su utilización y los riesgos asociados al desencadenamiento por error o accidente de una catástrofe nuclear.

El desmoronamiento de la hegemonía unipolar global de los EEUU hace previsible su sustitución por un mundo de bloques dominado por gigantes; sin embargo, los EEUU no van a renunciar al control de lo que siempre han considerado como su espacio natural. Es por ello que se intensifica la guerra de cuarta generación contra Venezuela, poseedora de enormes riquezas minerales, pero sobre todo, digno ejemplo de soberanía y resistencia.

El papel del Reino de España

La calificación de Colombia (que juega en Latinoamérica un papel de control regional semejante al del ente sionista de Israel en Oriente Próximo) como “Socio Global” de la OTAN busca la implicación y el respaldo de sus aliados europeos en su ofensiva inmediata contra la soberanía de Venezuela y por el control de todo el subcontinente. Por su actuación como punta de lanza imperialista en Latinoamérica, es presumible el papel de primer orden en la ofensiva militar que se reserva para el Reino de España.

Hoy día hay importantes despliegues de tropas españolas en misiones de combate en los Países Bálticos, Líbano, Cuerno de África, Turquía, el mar Mediterráneo y varios países africanos, además de otras misiones de capacitación de fuerzas locales en Irak, Afganistán y África Subsahariana. Todas ellas, bajo el paraguas de la OTAN o al servicio de los intereses coloniales de los países aliados, aprovechando su infraestructura.

En todas las intervenciones militares en África, Oriente Próximo y Medio y Europa Oriental, las bases españolas han servido como punto de reabastecimiento de las fuerzas militares de los EEUU. Pero además, en los últimos años se ha reforzado el papel ofensivo de las bases de Rota y Morón con el estacionamiento en ellas de los cuatro destructores del sistema AEGIS y de la Fuerza de Intervención Rápida Aire-Tierra del cuerpo de Marines de los EEUU. A ello hay que sumar el papel de Torrejón como Centro de Operaciones Aéreas Combinadas para todo el flanco sur de la OTAN.

La participación de tropas españolas en campañas militares contra supuestos enemigos que no nos han atacado militarmente y la cesión de nuestro territorio para que los EEUU lancen sus operaciones contra terceros países suponen una renuncia traidora a la propia soberanía nacional. Soberanía que se ve aún más limitada ante las dificultades crecientes para defender los derechos de las clases populares en un ambiente de miedo generalizado y libertades menguantes.

Las consecuencias de la guerra imperialista

Las consecuencias para los países que sufren esta ola militarista resultan difíciles de cuantificar en términos de destrucción, saqueo y desestructuración social, pero se mantienen deliberadamente ocultas para no afectar al consenso que requiere tan criminal conducta. Para la población española, éstas se manifiestan en los recortes y la precariedad asociadas a la propia crisis, en la confrontación de los trabajadores con el dilema de trabajar para la industria militar o perder su empleo y en el riesgo de sufrir represalias indiscriminadas.

Los grandes movimientos migratorios recientes se deben a unas condiciones de vida insoportables en los lugares de origen, a consecuencia de las operaciones militares o de la extrema violencia desatada por las grandes corporaciones euroatlánticas para hacerse con las riquezas minerales. Sin embargo, ello es sistemáticamente ocultado a la población de los países centrales, para la que los migrantes aparecen como oportunistas competidores por unos recursos menguantes, incentivando la extensión de la xenofobia y el fascismo.

Los recortes presupuestarios afectan a la mayoría de la población y sobre todo a los más vulnerables; pero cuando se reclaman soluciones, se desechan como imposibles de encajar en los presupuestos y se ridiculiza a los que las demandan como populistas. Sin embargo los presupuestos militares no entran en esta lógica, no se discuten, no afectan a la viabilidad presupuestaria, no son populistas ni ponen en riesgo la gobernabilidad.

La resistencia y la lucha

Siendo este un país cuya población se manifestara masivamente en contra de la entrada en la OTAN y contra la guerra de Irak, resulta paradójica la falta de respuesta de la población ante esta situación. A pesar de la escandalosa ocultación de las consecuencias de las intervenciones militares por parte de políticos y medios, nadie parece cuestionar el belicismo del estado. Hoy, las izquierdas se enzarzan en debates identitarios y disgregadores, mientras reculan ante la ofensiva fascista, siendo la dispersión mayor que nunca.

El sufrimiento infligido a la mayor parte de la humanidad por la guerra imperialista resulta en una dramática apelación a la conciencia de las clases populares de los países centrales y al internacionalismo que no podemos desatender. Para detener esta locura es preciso exigir de nuestros gobernantes la salida de la OTAN, la denuncia del “Tratado de Amistad y Cooperación” con EEUU, el cierre de las bases norteamericanas y el desarrollo de políticas de paz y de negociación para la gestión de los legítimos intereses del pueblo español, en oposición a las acostumbradas políticas de amenazas, imposiciones y guerras. La memoria democrática de nuestro pueblo exige la aplicación inmediata del artículo 6º de la Constitución de la II República: “España renuncia a la guerra como instrumento de política internacional”.

Denunciamos la entrega de soberanía que supone el sometimiento formal e informal de las instituciones del Estado, empresas, partidos políticos, medios de comunicación y el propio territorio del país a intereses extranjeros y la responsabilidad moral que supone su aceptación explicita o implícita por los ingentes daños que producen, tanto la propia OTAN como las fuerzas militares y las agencias norteamericanas que usan a nuestro país como base o como apoyo para sus actividades criminales.

Por todo lo expuesto, el Frente Antiimperialista Internacionalista lanza la campaña “70 años de guerra. OTAN no, bases fuera” y convoca a organizaciones, movimientos y personas de todos los puntos del territorio a unir sus esfuerzos militantes en el apoyo de las acciones en contra de las bases y de la OTAN que se irán anunciando en nuestro sitio web: https://frenteantiimperialista.org/

La lucha contra la guerra y la OTAN está hoy respaldada por gran cantidad de organizaciones de todo el mundo, muchas de ellas coordinadas en la red “No to war – No to NATO” (https://www.no-to-nato.org/category/es/), a la que el FAI se ha adherido.

¡No a las guerras mercenarias!¡No en nuestro nombre!

¡Basta de recortes sociales y de aumento de gastos militares!

¡Fuera las bases norteamericanas de suelo español!

¡Salida inmediata de la organización criminal OTAN!

¡OTAN no, bases fuera!

29 de enero de 2019

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Formulario de adhesión de organizaciones

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Organizaciones que se adhieren al Manifiesto:

  • Iniciativa Comunista
  • Foro Pacifista de Ciudad Real
  • Tortilla con sal
  • Espai Roig del Bages
  • Partido Comunista de España (marxista-leninista)
  • Observatorio de los Derechos Humanos de los Pueblos
  • Red Roja


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