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Ahora es que tenemos vida. Farruco Sesto

 

Alguien, que en este caso era un español de España, (la redundancia tiene su por qué) cuestionó mi visión positiva sobre el futuro de Venezuela a la vista de los últimos acontecimientos y, aunque me calificó de soñador, terminó tildándome de propagandista.

Al respecto quiero decir algo. No es propaganda lo mío, sino compromiso. Y no es ensoñación, sino conocimiento profundo y confianza en nosotros mismos. Pues no he dejado de tomarle el pulso a la realidad en ningún momento.

Como saben mis lectores, o pueden suponerlo, sí, es verdad, que desde hace unos años he tratado de contribuir con mis artículos y mis charlas o presentaciones, dondequiera que me las solicitaran, a mantener la moral de combate de nuestra gente, comenzando por la mía propia. A mantener el ánimo en la batalla por la dignidad y a no dejar que, por ninguna causa, un sentimiento de derrota pueda alcanzarnos. He pensado que esta es una buena misión, suficientemente importante para dedicarle mi modesto esfuerzo, la de transmitir no solo la necesidad de vencer, sino también la disposición colectiva para ello. Y a tratar de alentar la seguridad de la victoria.

Y eso le he hecho, observando y oyendo, sobre todo, al pueblo. Escuchándolo con atención. Aprendiendo de él, de su palabra sagrada. Confiando en su sabiduría histórica. Y tratando también de interpretar a nuestros dirigentes para seguir sus lineamientos.

Me he centrado, pues, en esa tarea, en la medida de mis posibilidades, pero siempre, y esto es importante aclararlo, con los pies en la tierra, sin fantasías o engaños ni con exageraciones indebidas. Es decir, pensando y escribiendo con la mayor honestidad intelectual posible y, en todo caso, tratando de apoyar el discurso con argumentos y razones.

Razones que hoy, por cierto, no faltan. Pues ya hay suficientes pruebas estructurales de que, a pesar de las amenazas y coacciones exteriores, la realidad está cambiando a nuestro favor. Indicadores económicos e indicadores sociales, así lo demuestran. Del mimo modo que se ha hecho evidente el reforzamiento del temple político de nuestro pueblo, batalla tras batalla, electorales o de otro tipo, con la moral de combate más fuerte que nunca.

Hemos sabido superar pruebas terribles. Y aquí estamos. De pie.

¡Ahora es que tenemos vida. Viva la vida! Lo dijo Chávez en una oportunidad, hablando en colectivo, en nombre de todos y dirigiéndose a todos, fundiéndose una vez más con esa particular humanidad que somos los venezolanos.

A mí me gusta verlo también así: ¡ahora es que tenemos vida!

Vale decir, ahora es que la patria tiene vida, esa patria que nos pertenece a todos. Ahora es que nos esperan grandes momentos y preciosos logros, en el camino por el que vamos avanzando. Pues de algo habría de valer tanta dignidad, tanto coraje, tanta resistencia, tanta inteligencia creadora y tanto optimismo de la voluntad, para construir esa Venezuela posible, tal como lo venimos haciendo. Esa Venezuela donde la felicidad colectiva y el buen vivir de cada familia, esté plenamente garantizado.

Lo afirmo con absoluta seguridad: no hay bloqueo que pueda con nosotros. No serán, ciertamente, las últimas agresiones a nuestra libertad de comercio, en el caso del petróleo y en otros casos, las que nos impidan desarrollar nuestra economía productiva y soberana. No será el maltrato a nuestros migrantes, real pero de gran contenido simbólico, lo que nos “achicopale”, como dirían nuestros hermanos de México.

La transformación profunda de nuestro país está en marcha y es de una contundencia innegable. Con el Plan de la Patria vigente y actualizado en las 7 Transformaciones, con los 13 Motores Productivos de la Agenda Económica Bolivariana en desarrollo, se están asentando cada día las bases hacia la Venezuela Potencia.

Las bases espirituales, culturales, múltiples y hermosas, que florecen entretejiéndose con el sentido de comunidad. Y las bases materiales, económicas, productivas, que van surgiendo, rediseñándose, readaptándose sin perder el hilo, y que constituyen el gran reto de esta generación. Todo ello con la fuerza inmensa del Poder Popular incrementando cada día el ejercicio de su capacidad.

Bolívar lo vio también anticipadamente, de alguna manera, y lo dejó dicho: “Volando por entre las próximas edades, mi imaginación se fija en los siglos futuros, y observando desde allá, con admiración y pasmo, la prosperidad, el esplendor, la vida…”

Esos siglos futuros son los nuestros. Nos va la vida en ello. Y ¡ahora es que tenemos vida!

Nota adicional

COMUNAS

Cada persona es importante. Cada uno de nosotros. De manera que nadie sobra. Y con más razón en esta batalla por la causa humana que libramos en Venezuela.

Todos cuentan o nadie cuenta, como suele decirlo Harry Bosch, protagonista de una serie de novelas policíacas. Pero hay un hecho que es innegable: el colectivo nos trasciende a todos. Fluye en el tiempo. Hace y deshace, siempre a la búsqueda del presente digno y de un futuro posible. Lleva consigo la semilla de un permanente renovarse. Y constituye la base del sentimiento patrio que le da vida y sustancia a una nación. En nuestro caso, la Venezuela amada.

Es por eso que yo digo que somos invencibles. Basándome en la disposición a la victoria de nuestro pueblo. Una victoria que, dominada ya la etapa de resistir las amenazas, agresiones e impedimentos, en la que todas y todos nos hemos graduado con méritos, consiste ahora en refundar las bases materiales que nos permitan existir, y prosperar, como una sociedad de iguales.

La disposición la tenemos. Lo mismo la conciencia y la claridad política. También la creatividad. Así como el prodigioso instrumento que puede ser cada una de nuestras comunas. Profundicemos ahora en la capacidad de organización

(Publicado en Correo del Orinoco, el 3 de abril de 2025)

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