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¡Armagedón Ahora! El programa de armas nucleares de Israel. Kevin Kirk

Por su importancia en desvelar los secretos celosamente guardados por la entidas sionista sobre su programa nuclear, publicamos aquí la traducción del artículo Armageddon Now! Israel’s Nuclear Weapons Program, del profesor Kevin Kirk, publicado originalmente en inglés en Naked Capitalism, el 12 de marzo de 2026.

Yves Smith es una de las blogueras de Naked Capitalism, de su consejo de redacción y sin el respaldo de estructura corporativa alguna.

Kevin Kirk, autor del artículo, ha trabajado en todo el mundo, primero como ingeniero, luego como profesor universitario visitante y finalmente como formador diplomático. Kirk lamenta la pérdida de lo que podría haber sido Israel si judíos y árabes hubieran podido vivir juntos en paz.

Montserrat de Luna pertenece al FAI y tradujo el artículo para nosotros.

 


¡Armagedón Ahora! El programa de armas nucleares de Israel

Publicado el 12 de marzo de 2026 por Kevin Kirk en Naked Capitalism

Yves Smith: Espero que los lectores difundan este importante y bien documentado artículo sobre el desarrollo de armas nucleares en Israel. En él se destaca, entre otros hechos, que Israel ha estado utilizando Gaza como vertedero de desechos nucleares. Teniendo en cuenta el plan [inmobiliario] de remodelación [de la franja] promovido por Trump, sería de justicia poética, en el improbable caso de que dicho plan se lleve adelante, que aquellos que decidan irse a vivir sobre una fosa común acaben siendo víctimas de la radiación.

Kevin Kirk, autor del artículo que sigue a continuación, ha trabajado en todo el mundo, primero como ingeniero, luego como profesor universitario visitante y finalmente como formador diplomático. El lamenta la pérdida de lo que podría haber sido Israel si judíos y árabes hubieran podido vivir juntos en paz

Desde que Israel nació en 1948 —por una votación de 33 a favor (con 13 países en contra y 11 abstenciones) mediante la resolución 181 de las Naciones Unidas, que también incluía un estado palestino plenamente autónomo—, Israel ha buscado la disuasión nuclear. De hecho, David Ben-Gurion, el primero en ser su primer ministro, afirmó: “La Ciencia podría compensarnos por lo que la Naturaleza nos ha negado”. Creía que ello sería una forma de demostrar su compromiso con el Sionismo, la ideología política que sustenta al Estado de Israel.

Asimismo, [la disuasión nuclear] fue considerablemente favorecida por el hecho de que muchos de los principales científicos que trabajaron en el Proyecto Manhattan eran judíos y de que algunos de ellos fueron convencidos para trasladarse y apoyar al nuevo Estado. Francia también quería establecer relaciones con ellos, por lo que firmó un pacto con Israel para producir armas nucleares de forma conjunta. De esta manera, los científicos israelíes obtuvieron acceso total y sin trabas al centro de investigación nuclear francés de Marcoule, donde también ayudaron a construir el reactor de producción de plutonio G1 y la planta de reprocesamiento UP1. A cambio, se les permitió observar el desarrollo de la disuasión nuclear de Francia y se les dio acceso total a los datos de las pruebas de armas nucleares francesas. Esto fue confirmado años después por el ‘padre’ de las armas nucleares de Francia, Francis Perrin.

En 1956, durante el mandato del primer ministro Guy Mollet (extremadamente prosionista y anglófilo), Francia aceptó construir en Dimona, en el desierto del Néguev, el reactor nuclear EL-102 —un reactor de agua pesada de 24 megavatios capaz de producir plutonio— a cambio de la ayuda de Israel durante la crisis de Suez. Los franceses también proporcionaron los diseños de la tecnología de reprocesamiento nuclear. Según Ben-Gurion, el reactor nuclear tenía unos fines pacíficos ya que serviría para alimentar plantas de desalinización en el Néguev y destinar terrenos a la agricultura. En consecuencia, técnicos franceses fueron trasladados a la zona si bien su presencia fue negada oficialmente (llegándose al extremo de enviar su correo personal a través de Sudamérica para ocultar su ubicación real). Junto a ellos, con la llamada Operación Yachin, miles de judíos sefardíes fueron transportados forzosamente desde Marruecos, vía Marsella, para proporcionar la mano de obra necesaria. Tras la observación de los trabajos de construcción realizada por aviones espía estadounidenses, Ben-Gurion respondió a EE. UU. que se estaba construyendo una fábrica de muebles. [Como dato adicional,] al menos la mitad del dinero para este proyecto (80 millones de dólares —unos 1.000 millones de dólares actuales—) provenía, según Ben-Gurion, de donantes judíos adinerados residentes en el extranjero, la mayoría de ellos de EE. UU.

Francia no fue la única en suministrar materiales y tecnología nuclear. En particular, para que un reactor funcione con uranio natural (como es el caso del reactor CANDU en Canadá) se necesita heavy water (agua pesada). Durante años, se supuso que Noruega suministraba este material a Israel, ya que una empresa noruega, Noratom, había suministrado al menos 20 toneladas. Más tarde se filtró que, en realidad, el suministro lo proporcionaba Gran Bretaña, utilizando a Noratom como una empresa pantalla (por lo que obtuvieron una comisión del 2%). En un programa televisivo de la BBC del año 2006 (Newsnight), se reveló que Gran Bretaña (poseedora de su propio arsenal de armas nucleares) no solo había suministrado dicho material, sino también equipos, diseños, productos químicos para la tecnología de reprocesamiento y datos de investigación. Además, a mediados de la década de los sesenta, cuando Francia, bajo De Gaulle, decidió no suministrar más uranio a Israel, los israelíes pudieron obtener uranio natural a través de Gran Bretaña. Este país también suministró Uranio 235 y plutonio a Israel, materiales que podrían ser utilizados directamente en armas nucleares. Según declaraciones de funcionarios británicos, Israel había dado garantías de que utilizaría dichos suministros para fines pacíficos, contrariamente a lo advertido por las agencias de inteligencia sobre cuáles eran realmente las intenciones israelíes al respecto. Por su parte, Argentina suministró 100 toneladas de yellowcake (óxido de uranio), que también se utilizó para alimentar el reactor [de Dimona].

En este sentido, uno de los colaboradores más significativos fue Sudáfrica. Por ejemplo, en 1965, Sudáfrica suministró 10 toneladas de yellowcake supuestamente bajo los Acuerdos de Salvaguardias del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), ya que Israel era signatario de Atoms for Peace, una iniciativa del presidente Eisenhower. Se alega que la relación nuclear entre ambos países fue iniciada por la familia sionista Lubner, entonces radicada en Sudáfrica. Esta familia fundó Belron, que ahora tiene su sede en el Reino Unido y es propietaria de empresas de cristales para automóviles en todo el mundo, como Safelite en EE. UU. y Autoglass en el Reino Unido. Gary Lubner, el vástago actual, es uno de los principales donantes del Partido Laborista británico (junto con Trevor Chinn, quien también fue el motor de la destitución de Jeremy Corbyn y de la consiguiente instalación de Keir Starmer), llegando a donar más de 70.000 libras esterlinas a David Lammy, actual viceprimer ministro, “para su oficina”.

El acuerdo de colaboración nuclear entre Sudáfrica e Israel estaba sujeto a inspecciones anuales por parte de la Junta de Energía Atómica de Sudáfrica. Pero las inspecciones solo duraron hasta 1976, cuando Sudáfrica aceptó eliminar las salvaguardias. Poco después, Israel obtuvo 500 toneladas de uranio específicamente para la producción de plutonio en el reactor de Dimona a cambio de 30 gramos de tritio para el programa de armas nucleares de Sudáfrica.

Israel también llevó a cabo una prueba nuclear frente a las costas de Sudáfrica (Incidente Vela), que EE. UU. intentó encubrir diciendo que se trataba de un tifón o de un problema satelital. Sin embargo, el presidente Jimmy Carter escribió en su diario: “Existe una creciente creencia entre nuestros científicos de que los israelíes llevaron a cabo, en efecto, una explosión de prueba nuclear en el océano cerca del extremo sur de África”. Eso rompió el acuerdo de ambigüedad estratégica que había estado en vigor desde Nixon (más sobre esto abajo).

Sin tener conocimiento de ello, Bélgica también suministró yellowcake para el reactor israelí. En 1968, Israel, actuando a través del MOSSAD, compró 200 toneladas de dicho material a la empresa belga Union Minière, que lo obtenía de sus minas en el Congo. La base de esta operación, conocida como Operación Plumbat, consistía en que la empresa belga enviara el uranio desde Amberes a su destino legal de Génova, en Italia, pero el cargamento fue interceptado en el mar, y el uranio fue transferido a otro buque y enviado a Israel.

Durante finales de los 50 y principios de los 60, algunos funcionarios estadounidenses estaban preocupados por la construcción del reactor. De hecho, la CIA elaboró un informe destacando los peligros, pero la administración Eisenhower lo suprimió. En un sentido opuesto, el presidente Kennedy estaba muy alarmado por la adquisición de armas nucleares por parte de Israel y exigió inspecciones exhaustivas de lo que ocurría en el lugar. Justamente cuando el establecimiento del régimen de inspección se encontraba a punto de finalizar y, posiblemente, a punto de clausurar la producción de armas nucleares en Israel, Kennedy fue asesinado.

Tras ello, la administración Johnson canceló el programa de inspección exhaustiva, aunque, bajo presión, permitió inspecciones limitadas de ciertas partes de las instalaciones. Así, se prohibió a los inspectores examinar las zonas sensibles donde se producía el plutonio por “razones de seguridad”, y se les exigió que avisaran con mucha antelación antes de una inspección, pudiendo los israelíes decidir su cancelación sin previo aviso. Según los analistas de seguridad estadounidenses de la época, esto se hacía para permitir que la producción de plutonio pudiera continuar entre dichas visitas.

Antes del asesinato de Kennedy, el sucesor de Ben-Gurion, Levi Eshkol, le dijo a Kennedy: “Si usted lo quiere, no habrá armas nucleares. Pero denos algo más que disuada a los árabes”. Kennedy era extremadamente reacio a proporcionar a Israel lo que sería, de hecho, una carta blanca para que Israel hiciera lo que quisiera en Oriente Medio con el pleno respaldo estadounidense. La preocupación de Kennedy era que esto socavaría su política de equilibrio entre árabes e israelíes, ya que a los árabes les parecería que EE. UU. tomaba partido por Israel en cada conflicto que emprendiera. El Departamento de Estado llegó a emitir una declaración al respecto: “Cada asunto que surge en nuestra relación con Israel se sopesa cuidadosamente en términos de su efecto sobre nuestra política de imparcialidad entre Israel y los árabes y de su efecto sobre la seguridad de Israel. Si Estados Unidos se alineara más estrechamente con Israel, constituiría un desafío directo a los árabes por parte de EE. UU. y destruiría la creciente confianza árabe en nuestra imparcialidad”. Afortunadamente para Israel, la eliminación de Kennedy también eliminó la imparcialidad de EE. UU. a partir de entonces, algo que se les ha demostrado a los estados árabes del Golfo en los últimos días.

Fue durante el mandato de Johnson en la Casa Blanca cuando tuvo lugar el asunto NUMEC. Se trató del presunto robo de entre 200 y 600 libras (91–272 kg) de uranio altamente enriquecido de una planta de reprocesamiento ubicada en los suburbios de Apollo y Parks Township (Pittsburgh, Pensilvania) y llamada NUMEC, propiedad de Zalman Shapiro, un sionista acérrimo. Se considera que este uranio fue derivado al programa nuclear de Israel. Las investigaciones posteriores bajo los auspicios del FBI, la CIA y el Departamento de Energía fueron bloqueadas y finalmente se desvanecieron tras las presiones de la Casa Blanca. Nunca se realizaron detenciones ni se publicaron conclusiones. En mayo de 2010, se desclasificó un estudio de la Oficina de Contabilidad General sobre las investigaciones en el que se afirmaba: “Creemos que un esfuerzo concertado y oportuno por parte de estas tres agencias habría ayudado enormemente y posiblemente resuelto las cuestiones del desvío de NUMEC si hubieran deseado hacerlo”.

Las reacciones de otros presidentes de EE. UU. han sido débiles, preocupados por la información de inteligencia de Israel de que la URSS suministraría armas nucleares a los estados árabes del Golfo, o de que les ayudaría a construir las suyas propias, si se enteraban de las ambiciones nucleares de Israel. Por ejemplo, Nixon tenía dudas sobre el programa nuclear y preguntó a Henry Kissinger cómo debía abordar el problema. Kissinger ideó entonces la política de la “ambigüedad estratégica”, según la cual EE. UU. no confirmaría ni negaría la existencia de armas nucleares por parte de Israel. Esta política condujo a una reunión entre Nixon y Golda Meir, la entonces primera ministra israelí, en septiembre de 1969, en la que se acordó que Israel podría proseguir sus ambiciones nucleares sin ninguna interferencia de EE. UU., con las únicas condiciones de que Israel se abstuviera de probar sus dispositivos nucleares y de hacer pública su posesión. A cambio, EE. UU. no presionaría a Israel para que firmara el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP). Los documentos con los detalles de esta reunión se mantuvieron en secreto hasta que fueron desclasificados en 2014 por la administración Obama. Cabe destacar que fue durante esa reunión cuando EE. UU. aceptó que Israel tuviera misiles balísticos siempre que no llevaran carga nuclear.

El programa de armas progresó rápidamente después de aquello; de modo que, cuando comenzó la guerra de Yom Kippur, Israel tenía suficientes ojivas montadas en misiles suministrados por Francia como para que se debatiera en Israel si debían emprenderse ataques nucleares contra Siria y Egipto. Al final, Golda Meir decidió que Israel no corría peligro existencial y los ataques no se llevaron a cabo.

Poco se sabía sobre el número real de ojivas que Israel había producido hasta que el informante israelí, Mordechai Vanunu, reveló a la prensa británica (Sunday Times, seguido por un documental de la BBC) que Israel había producido docenas de kilogramos de plutonio en Dimona cada año entre 1980 y 1986, y que Israel poseía entre 100 y 200 armas nucleares en aquel momento. Además de ello, se revelaba que Israel producía exóticos isótopos de litio (como el Litio-6) y tritio para armas de fisión o fusión potenciadas. El informante israelí también disponía de una serie de fotografías tomadas en el interior de Dimona.

Actualmente se estima que Israel tiene hasta 400 ojivas y que ha producido más de 900 kg de plutonio en las instalaciones.

Problemas de seguridad

A juzgar por la cantidad de combustible que está siendo consumida por el reactor, este funciona entre dos y cuatro veces por encima de su capacidad nominal, lo que obviamente genera una enorme cantidad de residuos nucleares. Entonces, ¿qué se hace con estos residuos dado que Israel no es signatario del TNP y no puede legalmente (si es que eso todavía significa algo) enviarlos al extranjero? ¿Adónde van?

Según el Canal Dos de la televisión israelí, dos de los cuatro vertederos principales se encuentran en territorio palestino, principalmente en Gaza, en zonas como el este del campo de refugiados de Al Bureij y la ciudad de Deir El Balah. Se ha llegado a retirar la capa fértil del suelo para trasladarla a Israel, sustituyéndola por 50.000 toneladas de residuos tóxicos. Asimismo, se han excavado fosas de 30 metros de profundidad (de miles de metros de ancho) sin revestimiento y los residuos simplemente se han vertido en ellas.

Por otra parte, se están importando residuos radiactivos del extranjero, como es el caso de 2.500 toneladas de residuos tóxicos radiactivos (4 veces por encima de los límites de seguridad) enviados desde Italia y que también acabaron en Gaza. La pregunta es: ¿saben los clientes de la versión Trump de “Dubái en el Mediterráneo” que vivirán sobre un vertedero de residuos nucleares que sin duda será removido cuando se excaven los cimientos de los relucientes rascacielos nuevos que él y sus colegas magnates inmobiliarios están proyectando, sobre todo teniendo en cuenta que el control de la salud ambiental está estrictamente prohibido en Gaza?

Otros vertederos en territorio palestino se encuentran en las colinas orientales de Cisjordania. Por ejemplo, se descubrieron físicamente 80 barriles de residuos israelíes en la ciudad de Hebrón y otros 120 en la localidad de Al Ezareya, a las afueras de Jerusalén. Las autoridades sanitarias palestinas de Cisjordania se alarmaron cada vez más después de que sus monitores detectaran filtraciones masivas de sustancias radiactivas, pesticidas y otras toxinas en el suministro de agua. Las FDI respondieron rompiendo los sensores y asaltando sus oficinas, donde destruyeron los datos y luego arrojaron todo el equipo por una ventana del quinto piso. También volaron los laboratorios de control ambiental de Hebrón y Ramala. A partir de ese momento, no se permitió a la Autoridad Palestina realizar ningún tipo de vigilancia. Lo que le importa a Israel es que los vertederos no se sitúen cerca de los acuíferos que abastecen al propio Israel o a sus asentamientos en Cisjordania.

Israel también vierte sus residuos en las fronteras de Egipto y Jordania tras asegurarse de que los vientos predominantes lleven el polvo radiactivo fuera del territorio israelí. Esto está creando problemas de salud a los habitantes de esas zonas. Por ejemplo, en la gobernación jordana de Al Tafila, a sotavento de los vertederos de la frontera jordana, las tasas de cáncer, sobre todo entre los niños, son hasta cinco veces más frecuentes que en cualquier otro lugar del país.

Más preocupante aún es el estado del propio reactor, sobre todo a la luz de la cantidad de combustible que consume (estimada en 1.400 toneladas anuales), lo que sugiere que funciona muy por encima de sus capacidades. Una inspección realizada en 2016 reveló 1.537 defectos graves e irreparables en el núcleo de aluminio del reactor, causados por décadas de calor y bombardeo radiactivo. Además, hay grietas visibles en la estructura de contención de hormigón que provocan fugas de material radiactivo al entorno local.

Las autoridades israelíes conocen estas fugas y, desde principios de siglo, suministran pastillas de yodo a los israelíes de la zona. Sin embargo, no parecen excesivamente preocupadas, ya que la mayoría de los pueblos de los alrededores están poblados por beduinos, que el gobierno considera que no deberían estar en Israel de todos modos. Cuando los aldeanos protestaron, Israel respondió arrasando los pueblos con excavadoras.

El sistema de refrigeración del reactor también ha sido objeto de escrutinio. El profesor Uzi Leven, ex miembro de la Knéset y antiguo trabajador de las instalaciones, dio la voz de alarma afirmando que el sistema de refrigeración, de 60 años de antigüedad, no se había modernizado y que incluso un fallo menor podría causar una fusión catastrófica.

A pesar de todos estos graves problemas de seguridad, Israel acaba de recertificar el reactor para que funcione 40 años más. Una fusión cubriría Oriente Medio, especialmente los estados del Golfo, de partículas radiactivas; sin embargo, estas serían arrastradas lejos del territorio israelí, por lo que se trataba de un riesgo que se podría correr. El profesor Leven recomendó, ya en 2010, que el reactor fuera clausurado y que se construyera uno nuevo. Pero, para ello, tendrían que firmar el TNP y aceptar las inspecciones de la OIEA, algo a lo que Israel es reacio.

No son solo los problemas de seguridad los que afectan a la zona circundante, sino que también hay pruebas de la falta de una cultura de seguridad dentro del propio complejo nuclear. Es el caso de la falta de equipos de seguridad adecuados (como trajes de materiales peligrosos) o de numerosos incendios y accidentes. Esto ha provocado que un gran número de trabajadores contraigan cánceres o que sufran distintos tipos de lesiones (como quemaduras graves). Un caso que salió a la luz, pese a la censura existente, fue el de la demanda presentada ante el tribunal central de Tel Aviv por las familias de cinco trabajadores que murieron de cáncer (Ze’eiv Schforn, Simon Dray, Moshe Zegori, Yousif Cohen y un trabajador anónimo que seguía vivo, pero que estaba siendo sometido a un tratamiento intensivo cuando el caso fue archivado).

Naturalmente, el gobierno israelí procura ocultar estos detalles públicamente. Al igual que hicieron cuando un misil iraní destruyó el laboratorio de investigación de armas biológicas IIBS en Ness Ziona (a las afueras de Tel Aviv) durante la Guerra de los 12 días. La explosión liberó al medio ambiente una cantidad sustancial de agentes biológicos extremadamente peligrosos en un día en que el viento soplaba directamente hacia Tel Aviv.

Sistemas de lanzamiento

Originalmente, las armas se lanzaban únicamente por avión (F4 Phantoms), pero Israel cuenta ahora con tres tipos de sistemas de lanzamiento.

El sistema central consiste en la serie de misiles balísticos Jericho, todos los cuales fueron diseñados principalmente en colaboración con la empresa francesa Dassault. Estos son:

  • Jericho 1: Un misil de corto alcance (310 millas). Estos misiles se alojaban en cuevas de Zekharia, al sureste de Tel Aviv, pero se cree que ya no están en servicio.
  • Jericho 2: Después de que EE. UU. se negara a suministrar misiles de mayor alcance, Israel desarrolló junto con el Sha de Irán este misil de 1.100 millas de alcance. Según Colin Powell, ex secretario de Estado estadounidense, todos ellos (aproximadamente 200 misiles) han sido apuntados hacia Teherán.
  • Jericho 3: Este misil, capaz de transportar una ojiva nuclear de 400 kilotones, puede alcanzar objetivos en la mayor parte de Europa (incluyendo Moscú y San Petersburgo). El misil fue codiseñado por Dassault lo que es un ejemplo asombroso de la frase: los capitalistas te venderán la soga con la que podrás ahorcarles. Entró en servicio en 2010. Se dice que está dirigido principalmente a Pakistán. Muchos de estos misiles se encuentran en silos profundos, a prueba de un primer ataque, repartidos por todo Israel. Uno de ellos fue atacado cuando un misil iraní alcanzó Beit Shemesh, a lo que Israel respondió que se había atacado deliberadamente una sinagoga.
  • Jericho 4: Esta versión del misil, no anunciada oficialmente y que también se cree que ha sido codiseñada por Dassault, es capaz de alcanzar cualquier punto de los Estados Unidos continentales, incluso Mar-a-Lago, como suele decir Bibi. El gobierno israelí no ha revelado porqué necesita un misil así.

La mayor parte de los misiles están almacenados en la base aérea de Sdot Micha en búnkeres a prueba de explosiones nucleares, construidos en asociación con EE. UU. Se trata de búnkeres de piedra caliza con enormes puertas blindadas que pueden resistir todo salvo un impacto nuclear directo. Esta base está protegida por misiles de defensa antiaérea Arrow 3, controlados a su vez por los radares Green Pine. Estos sistemas de radar están siendo actualmente blanco del CGRI (Cuerpo de la Guardia Revolucionaria de Irán), ya que forman parte importante del sistema de alerta temprana de todo el país.

La segunda línea de entrega es a través de aviones como el F15 y el F35. Se dice que las bombas se almacenan en Sdot Micha y los propios aviones se encuentran en la cercana base aérea de Tel Nov.

La tríada de sistemas de lanzamiento incluye una versión mejorada del misil de crucero Popeye ACLM, que se lanza a través de los tubos lanzatorpedos de los submarinos de la clase Dolphin, suministrados por Alemania. Tiene un alcance publicado de unas 200 millas, pero la marina estadounidense ha observado que es capaz de alcanzar un objetivo a más de 1.000 millas. Ahora que Egipto ha permitido que los buques de guerra israelíes transiten por el Canal de Suez, se ha observado a estos submarinos cruzando el canal de camino al Océano Índico. Se cree que son capaces de transportar ojivas con una potencia de 200 kilotones y que fueron diseñados específicamente para atacar Irán desde una distancia segura. También pueden lanzarse desde aviones F15. Las pruebas de la versión de lanzamiento aéreo se realizaron lanzando un ataque totalmente gratuito contra Siria en 2014. Un misil (de 4) fue derribado por un misil de defensa antiaérea sirio BUK2. El año pasado también se utilizaron versiones sin carga nuclear para atacar el puerto del norte de Yemen.

¿Es probable que se utilicen ojivas nucleares y cuál sería el efecto?

Según los análisis realizados por los militares bielorrusos (BELTA), la probabilidad de que Israel lleve a cabo un ataque nuclear contra Irán es, en su opinión, extremadamente baja. Esto se debe a la amenaza iraní de destruir por completo Dimona (un día en que el viento sople hacia el norte) y a un ataque masivo con misiles que destruiría todos los servicios vitales necesarios para la vida cotidiana en Israel como plantas desalinizadoras, centrales eléctricas, puertos y refinerías. Irán también amenazó con destruir TODA la infraestructura energética de Oriente Medio, amenazando el suministro energético mundial durante años. Definitivamente no es lo mejor para los intereses de EE. UU., ni de Israel, porque se conseguiría el efecto contrario de lo que supuestamente pretende esta guerra: la eliminación de otra potencia nuclear en Oriente Medio, porque Irán sin duda construiría una bomba o la adquiriría en otro lugar. Corea del Norte (RPDC) ya desarrolló (y probó) una bomba para Irán en 2012. Irán pagó por su desarrollo y, dado el paso del tiempo, es más que posible que Irán ya posea armas nucleares (dos pueden jugar al juego de la ambigüedad estratégica). Teniendo en cuenta lo pequeño que es Israel, el hecho de que una sola arma de 400 kilotones lanzada sobre el este de Tel Aviv podría, esencialmente, destruir todo el país, reduciría las posibilidades de supervivencia a largo plazo de Israel si recurriera a las armas nucleares, en caso de que Irán ya tuviera una o fuera probable que adquiriera la suya propia en poco tiempo.

Sin embargo, Israel se caracteriza por buscar victorias tácticas llamativas a corto plazo por encima de la estrategia a largo plazo; por lo que es totalmente factible que un Netanyahu cada vez más asediado ordene un ataque para detener la destrucción actual en Israel. EE. UU. podría hacer poco o nada para detenerlos y, bajo la actual administración Trump, es poco probable que quiera hacerlo, ya que la destrucción de Irán resolvería el atolladero intratable en el que se encuentra ahora.

Entre bastidores, se rumorea en los círculos diplomáticos que Rusia podría ofrecer protección bajo su paraguas nuclear.

Un ataque nuclear contra Irán mataría probablemente a cientos de miles de personas y crearía una lluvia radiactiva que afectaría definitivamente al sur de Rusia (otra razón que se ha esgrimido por la que Rusia podría ofrecer protección nuclear). También provocaría una carrera de todos los demás países por desarrollar sus propias bombas, lo que, perversamente, conduciría a una mayor paz en el mundo. ¿Habría emprendido Trump su aventura en Caracas si hubieran amenazado con bombardear Florida si lo intentaba? El TNP también estaría completamente muerto.

También convertiría a Israel en un estado paria más de lo que ya es, especialmente entre los jóvenes de EE. UU., que ya de por sí están totalmente en contra de esta guerra.

Y crearía una depresión económica mundial masiva.

En resumen, sería una catástrofe.

Reflexión final:

Allá por el año 63 a.C., un magnate inmobiliario muy rico, político y miembro del Triunvirato gobernante en Roma, Marco Licinio Craso, decidió atacar Partia (Irán) porque la presunta victoria militar fácil y la inmensa riqueza que traería, ayudarían a sus posibilidades de reelección. A su mando estaba el poder de la mayor superpotencia militar del mundo; a saber, el poder del imperio romano. Marchó con 7 de las mejores legiones de la infantería romana, equipadas con las mejores armas pagadas por el propio Craso, esperando una victoria fácil.

La doctrina militar romana de aquella época estaba orientada a sofocar insurgencias y era reacia al cambio. Consistía en filas masivas de infantería, apoyadas por caballería en los flancos, aplastando cualquier oposición dispuesta contra ellos. El tamaño relativamente pequeño del ejército parto, de unos 10.000 hombres frente a los 40.000 romanos, también presagiaba una impresionante victoria romana porque se verían desbordados en un choque directo.

Excepto que…

Cuando los dos bandos chocaron, en la batalla de Carras, los partos, bajo el mando del general Surena, no tenían infantería, por lo que él adoptó una estrategia de mosaico, en la que pequeños grupos de arqueros que actuaban por voluntad propia y montados en caballos veloces, se lanzaban en ataques relámpago sobre los pesados cuadros de la infantería romana, disparando ventiscas de flechas antes de salir huyendo cuando la caballería romana se acercaba a ellos. Estos arqueros estaban entrenados para disparar tanto hacia adelante mientras atacaban como hacia atrás mientras huían, lo que hizo que la caballería romana retrocediera, momento en el que los partos volvían a lanzarse al ataque contra el cuerpo principal. Estas flechas partas eran lo suficientemente pesadas como para atravesar tanto los escudos romanos como las armaduras corporales, clavando así los escudos de forma irrecuperable a los soldados. Mientras se desarrollaba esta batalla de desgaste, la estrategia romana consistía en agazaparse y esperar a que sus adversarios se quedaran sin proyectiles antes de proceder al asalto terrestre previsto contra Partia. Por desgracia para Craso, Surena había dispuesto la llegada de enormes convoyes de armas procedentes del Este (en caravanas de camellos en aquella época, el equivalente a una línea de ferrocarril directa, por ejemplo, entre China e Irán hoy en día).

El resultado final fue una derrota aplastante para Roma, que perdió más de 30.000 soldados (20.000 muertos y 10.000 capturados) y el propio Craso resultó muerto. Los partos, por su parte, perdieron, según algunas estimaciones, menos de 100 hombres.

Una lección que aprender: nunca subestimes a Irán.

(Traducido para el Frente Antiimperialista Internacionalista por Montserrat de Luna)

 

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