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Delcy Rodríguez. Farruco Sesto

En agosto de 1976, y destinado a la portada del número 11 de La Causa R, escribí un texto muy corto que nació como un sentido homenaje a Jorge Rodriguez, líder fundador de la Liga Socialista, que acababa de ser torturado y asesinado el mes anterior, exactamente el 25 de julio, por los cuerpos de seguridad del Estado.

Aquí me permito reproducir ese texto, por lo que tiene de descripción, entre líneas, de la situación que vivían los movimientos revolucionarios en la Venezuela de ese período, con unos gobiernos muy represivos y subordinados absolutamente, ellos sí, a la directrices de los EEUU. Dice así:

“Bloque sobre bloque se va construyendo el edificio. A veces, diríase que en forma prodigiosa, crece intensamente, en un momento, lo suficiente como para asombrar a propios y enemigos. Sin embargo, la dinámica normal de la obra corresponde la mayor parte del tiempo a la de un crecimiento sumamente medido, apenas perceptible. No es fácil hacer la revolución. No es sencillo. Es un edificio levantado a base de esfuerzo, de inteligencia, de fracasos asumidos, de golpes recibidos, de voluntad, de caminos recomenzados y no por un hombre, sino por muchos hombres. Entre estos materiales, casi como el más cotidiano, como el más familiar, la sangre reclama constantemente su lugar principal.”

Ese breve texto fue mi manera personal, así lo entiendo, de declarar a Jorge Rodríguez héroe de una revolución que se intentaba por todas las vias.

Jorge había nacido en 1942, y para el momento de su asesinato, con 34 años, dejaba dos hijos pequeños: Jorge, como su padre, con once años en ese momento, y Delcy Eloína, la menor, de siete años.

Pero la vida sigue su curso y estos dos niños, hijos de un mártir de la revolución venezolana (me viene ahora a la memoria la frase de Castelao: “En mi País se cumplirá la voluntad de los mártires”), se irán formando humanamente, profesionalmente y, por supuesto, también ideológicamente a lo largo de los años, portadores de una herencia espiritual que necesariamente marcó sus vidas. De ese modo con el tiempo llegaron a convertirse a su vez, en notables intelectuales, consecuentes dirigentes revolucionarios y miembros de los equipos de gobierno tanto del Presidente Chávez como del presidente Nicolás Maduro.

Así, la situación del 3 de enero de este año encontró a Jorge Rodríguez como Presidente de la Asamblea Nacional y a Delcy como Vicepresidenta Ejecutiva del Gobierno de Maduro.

Ese dia, con la incursión militar que se produjo de alta intensidad y sorprendente nueva tecnología, con más de 150 aeronaves sobre el cielo venezolano, el imperio agresor logró secuestrar al Presidente Nicolás Maduro y a su esposa la diputada Cilia Flores, habiendo causado más de un centenar de muertos, de entre ellos 32 cubanos y 47 venezolanos caídos en arduo combate.

Ahora bien, ¿Cayó el gobierno revolucionario a raíz de esa injustificada incursión militar? ¿Salió el pueblo a la calle a dar apoyo a los invasores? ¿Se produjo un cambio de régimen?. Nada de eso ocurrió.

Siguiendo disposiciones constitucionales, el Tribunal Supremo de Justicia nombró como encargada de la presidencia a Delcy Rodríguez. Así la institucionalidad se mantuvo. La revolución siguió en pié. El chavismo continúo muy activo y en la calle. La creación del estado comunal se siguió profundizando cada día. La Fuerza Armada mantuvo sus consignas de enorme contenido simbólico. Entre ellas: Chávez vive, la lucha sigue” y “Patria socialista, o muerte”.

De modo que más allá de lo que diga el presidente de los EEUU, reconocido charlatán, así como de las interpretaciones de algunos articulistas que se suponen a sí mismos de izquierda, el hecho real es que, aún con la soberanía ciertamente mancillada el 3 de enero, la revolución sigue en pié.

¿Qué cambió? El tan esperado diálogo con los EEUU (siempre propiciado por Chávez y Maduro, hay que recordarlo), fue retomado, pero ahora en innegables condiciones de chantaje imperial, con el presidente de Venezuela secuestrado y una grave amenaza militar suspendida sobre la cabeza de un pueblo pacífico.

En esa situación las relaciones económicas entre los dos países se retomaron en una extraña partida de ajedrez (o de go), donde la inteligencia y la voluntad de paz, se enfrentan (sin ninguna clase de ingenuidad) a la fuerza bruta imperial.

En ese sentido, es importante recordar también aquí las palabras de la presidenta encargada pronunciadas en febrero. Que cada quién las interprete como quiera. Por mi parte, me merecen confianza y respaldo total. Así habló Delcy:

«A mí me ha tocado cara a cara, se lo tengo que decir, sentarme con los verdugos de mi padre y lo he hecho por Venezuela. Y me ha tocado sentarme con verdugos de nuestros héroes y heroínas del 3 de enero, y lo he hecho por Venezuela y lo estamos haciendo por Venezuela, los estamos haciendo por el pueblo venezolano, por nuestros jóvenes.»

(Publicado en NÓSdiario, originalmente en gallego)

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