La Revolución Bolivariana no se rinde. Declaración del Frente Antiimperialista Internacionalista
La Revolución Bolivariana no se rinde
Declaración del Frente Antiimperialista Internacionalista
Hace algo más de dos meses que un poderoso contingente militar de los EE. UU. en una violenta operación de comandos acompañada de una exhibición tecnológica y de fuego de saturación, culminó en el secuestro del Presidente Constitucional de la República Bolivariana de Venezuela y de su Primera Combatiente, Cilia Flores, dejando atrás el reguero de más de un centenar de víctimas mortales, entre ellas 32 combatientes internacionalistas cubanos del cuerpo de defensa del presidente Nicolás Maduro
Culminaba así el mayor despliegue militar del imperio estadounidense en América Latina. Era el último intento de EE. UU. de hacerse por la fuerza con el control de la nación con las mayores reservas de petróleo del mundo, anticipando la guerra que ya preparaba contra Irán y que iba a comprometer seriamente el flujo de combustibles, alterando al alza el precio a escala global en beneficio de los EE. UU.
Esta acción contra el derecho internacional, y siguiendo la norma que dicta el más fuerte, recibió la condena de todo el Sur Global y de buena parte de los actores políticos de los países “centrales”.
Sin embargo, desde los primeros momentos de la intervención, la maquinaria de propaganda occidental ha hecho todos los esfuerzos posibles por extender un relato en el que factores al interior de la dirigencia bolivariana habrían colaborado y estarían colaborando con EE. UU. en esta operación, alimentando la idea de un pretendido fracaso de la Revolución y una traición de la dirigencia a su pueblo.
Particularmente preocupantes son las posiciones adoptadas por algunos sectores que se autodefinen como revolucionarios o internacionalistas que, desde la distancia, acusan a la dirigencia venezolana de «traición», basados en informaciones parciales y sesgadas, sin disponer de la información real ni tener en cuenta las amenazas que pesan sobre la población.
La superioridad en todos los campos, especialmente el militar, de los EE. UU. es abrumadora, y su disposición a ejercer la violencia impunemente ya ha sido puesta de manifiesto en Palestina, así como la soledad de las víctimas. ¿Qué gran potencia defendería militarmente a Venezuela?
Repetimos sin descanso la extraordinaria complejidad del momento actual, pero, a la hora de emitir juicios sumarísimos, parece que actuáramos con una información completa y al día.
Es fundamental comprender que tras el secuestro del presidente legítimo Nicolás Maduro y el chantaje directo a la institucionalidad del país, el gobierno venezolano se enfrenta a una situación de riesgo sin precedentes. Cualquier medida adoptada por la dirigencia bolivariana en este contexto no tiene por qué responder a una voluntad de entrega, sino a una estrategia de supervivencia nacional frente a un bloqueo criminal y la amenaza que busca la «caotización» y la destrucción total del Estado, amenaza a la que a Venezuela no le queda otro remedio que enfrentarse sola, sin aliados poderosos en su entorno. Venezuela está demasiado cerca del hegemón mundial y demasiado lejos de las grandes potencias del Sur Global.
La venta del petróleo venezolano a través de las compañías norteamericanas está en la lógica de su inmersión en las redes del comercio internacional y se hacía de forma natural hasta que fue impedido por EE. UU. en su estrategia de bloqueo. Y es algo que siempre intentó recuperar el Presidente Maduro, la comercialización de su petróleo para el avance de la Revolución.
Las luchas antiimperialistas de liberación de los pueblos no están exentas de contradicciones que nos ponen a prueba, nos causan dolor, decepción y frustración, y que son aprovechadas por el imperio para minar las resistencias.
Miremos a Cuba, ejemplo de voluntad revolucionaria e internacionalismo. No ha logrado recuperar Guantánamo, pero no lo consideramos una traición, simplemente entendemos que tiene otro tiempo. En este lance ha perdido 32 combatientes y el suministro del petróleo imprescindible para su sobrevivencia; sin embargo, no se habla de traición sino de defensa de la Revolución Cubana y de sus dirigentes.
Desde aquí, desde la lejanía de la guerra, desde el confort occidental, ¿estamos en mejores condiciones que ellos para juzgar a la dirigencia bolivariana?
Parece que hay urgencia por abandonar el barco, por no dar tiempo para saber más, por no considerar lo que el imperio ha tenido que ceder, ¿o no es una claudicación renunciar a la presidencia de Corina Machado y reconocer la autoridad y legitimidad de Delcy Rodriguez?
Lo que algunos califican de claudicación es, en realidad, una retirada táctica necesaria para preservar la paz social, la institucionalidad y la vida del pueblo venezolano. Y quienes siembran dudas sobre la legitimidad del proceso bolivariano en su fase actual están, en la práctica, facilitando el trabajo de desestabilización y descrédito que es funcional a los intereses de Washington.
Frente a la urgencia de un imperio en declive que necesita resultados inmediatos, las fuerzas soberanas han incorporado el factor tiempo como una herramienta estratégica. La exhibición de “paciencia estratégica” por parte de Rusia y China en su enfrentamiento al poder hegemónico que las acosa da una pista a todas las fuerzas de la resistencia sobre la manera de comportarse frente a la más poderosa máquina de destrucción de la historia, en manos de los más arrogantes y desalmados dirigentes. El pueblo palestino y, hoy, Líbano e Irán, conocen muy bien que su heroica resistencia de ahora es la única esperanza de liberación a futuro que les queda.
Mantener el Poder Popular y las Comunas sigue siendo la prioridad absoluta para garantizar que la Revolución Bolivariana continúe viva, incluso en momentos de repliegue institucional.
El internacionalismo no consiste en juzgar hasta dónde debe sufrir un pueblo en su resistencia o si debe llegar hasta inmolarse, sino en acompañar sus decisiones soberanas con solidaridad efectiva.
Desde el Frente Antiimperialista Internacionalista (FAI) reclamamos a las organizaciones de izquierda una postura de prudencia y respeto hacia los procesos populares que están en primera línea de fuego contra el imperialismo.
La guerra no es un proceso lineal. Habrá avances y retrocesos, pero nuestro compromiso es con la defensa de la soberanía de los pueblos y la derrota definitiva de la potencia unipolar hegemónica.
Si no fuera por ocioso, añadiríamos el llamado a este gobierno “de progreso” y a las fuerzas que le apoyan para que rectifique de una buena vez su alineamiento con la prepotencia, el crimen y el terror impuestos por EE. UU. Rechazamos la obscena instrumentalización del “NO A LA GUERRA” y del genocidio palestino con fines electorales y exigimos la salida inmediata de la OTAN, el cierre de las bases norteamericanas en nuestro territorio, la ruptura total de relaciones con la entidad sionista y un compromiso sincero de apoyo efectivo a las naciones hermanas latinoamericanas que sufren el acoso y despojo del imperialismo.
¡Libertad para Maduro y Cilia!
¡Larga vida a la Revolución Bolivariana!
¡Respeto a la soberanía de los pueblos!
¡Viva el internacionalismo antiimperialista, antifascista y antisionista!
Frente Antiimperialista Internacionalista, 19 de marzo de 2026
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