Cinco años en el corazón del antiimperialismo africano. Rosa Moro
El Centro Tomás Sankara de Uagadugú, Burkina Faso, está a punto de celebrar su quinto aniversario. Fue creado en octubre de 2021, antes de que el actual Gobierno llegara al poder, el 30 de septiembre de 2022.
Sus fundadores lo definen como «una biblioteca y centro panafricano de educación política e ideológica», guiado por cuatro principios fundamentales inspirados en la ideología de Thomas Sankara: el panafricanismo, el antiimperialismo, el socialismo científico y la emancipación de las mujeres.
La biblioteca ofrece un servicio gratuito de préstamos y contiene obras difíciles de encontrar en cualquier otro lugar de la región y que, por lo general, no están fácilmente disponibles ni son accesibles para la población.
El Centro también desarrolla otros proyectos, como círculos de estudio y trabajo y el programa “Jóvenes Pioneros” para niñas y niños, además de organizar una amplia variedad de actividades. Una vez al mes, por ejemplo, proyectan películas relacionadas con la geopolítica que pueden ayudar a los espectadores a comprender mejor un acontecimiento o una situación de actualidad. Han proyectado películas sobre la República Democrática del Congo, Sudán, Haití… Después de cada proyección se celebra un debate, en el que participa por internet una persona del país o territorio en cuestión para responder a las preguntas.
Hay varios círculos de estudio y trabajo que se reúnen semanalmente. Cada grupo selecciona un libro —no cualquier libro, sino obras como La lucha de clases en África, de Kwame Nkrumah—. Los participantes leen un capítulo en casa y después lo debaten en el Centro. El resto de la reunión se dedica al debate geopolítico. Cada día, una persona diferente propone un artículo o vídeo de actualidad, que sirve como punto de partida para debatir sobre lo que está sucediendo, siempre desde una perspectiva revolucionaria y panafricanista.
En cuanto a los “Jóvenes Pioneros”, el proyecto se inspira en una iniciativa de 1985, durante la época de Sankara, denominada «Programa de los Pioneros de la Revolución». El Centro ha puesto en marcha algo similar: grupos de niños que aprenden sobre la historia y la cultura de sus propias comunidades y de África, guiados por un camarada que él mismo fue Joven Pionero en 1985.
Cuando Inem Richardson y Wendlassida Fabrice Simporé hicieron realidad su sueño de fundar un centro de este tipo en Burkina Faso, no sabían cómo funcionaría. Casi cinco años después, el Centro tiene una actividad vibrante. Sus actividades y eventos atraen a un gran número de personas y cada vez cuenta con más miembros y simpatizantes. Se ha hecho tan popular, no solo en Burkina Faso sino en toda la región, que han abierto un centro en Niamey, Níger. En 2023, incluso tuvieron el honor de reunirse con el presidente Ibrahim Traoré cuando sus jóvenes pioneros realizaron el saludo de los pioneros ante él en el Memorial Thomas Sankara, el 15 de octubre, aniversario del asesinato de Sankara.
Tuve la oportunidad de visitar el Centro y hablar con Inem, cuyo nombre burkinabé es Baowendsome. Allí pude comprobar por mí misma que la revolución no es un proyecto en el que participe un puñado de burkineses: la revolución está sucediendo en tiempo real. Como europea, además de la emoción, también sentí una enorme envidia.
¿De quién fue la idea de crear el Centro Thomas Sankara (CTS)?
Fue mía y del camarada Fabrice. Básicamente, ambos tuvimos la idea de proporcionar un poco de contexto para todo lo que está sucediendo.
Cuando estaba en la universidad en Estados Unidos, me interesaba más la investigación académica, pero también participaba en la lucha antiimperialista. Formaba parte de una organización antiimperialista centrada en América Latina llamada Comité de Apoyo a Chiapas y posteriormente me incorporé al Partido Revolucionario del Pueblo Africano (AAPRP), del que sigo formando parte. De hecho, todos aquí en el CTS, somos miembros del AAPRP.
Había pasado algún tiempo en Senegal, donde pude ver que estaba surgiendo un movimiento antiimperialista en la región del Sahel. Existía un alto nivel de conciencia política: se podía escuchar a la gente hablar de antiimperialismo en las calles y no eran solo senegaleses. Mientras estaba en Dakar, conocí a personas de Mali, Burkina Faso y otras partes de la región. Fue allí donde Fabrice y yo nos conocimos.
La idea inicial del CTS era reunir libros importantes y ponerlos a disposición de la gente. Pero Fabrice quería hacerlo en un espacio físico donde las personas pudieran encontrarse, así que descubrío este lugar en Uagadugú y ¡empezamos! El proyecto comenzó a crecer inmediatamente, y la gente inició a unirse a nosotros.
Mientras estaba en Senegal, tenía la sensación… «algo va a estallar en esta región», y quería entender qué estaba sucediendo aquí. Me trasladé a Burkina Faso en 2021. Creía que este país tenía un enorme potencial revolucionario, pero ¡jamás habría imaginado que todo ocurriría tan rápido! Fue increíble.
¿Con qué recursos contáis? ¿Cómo os financiáis?
Por increíble que parezca, todas nuestras operaciones cotidianas se financian mediante micromecenazgo y solidaridad internacional. Tenemos una cuenta en GoFundMe y otra en Patreon. Hacemos muchas campañas de recaudación de fondos en las redes sociales y organizaciones socialistas, panafricanistas y comunistas, así como personas implicadas en la lucha antiimperialista de todo el mundo, están suscritas a nuestro Patreon. Puede que nos den tan solo cinco dólares al mes, pero todo suma.
Quiero dejar claro que tenemos una relación muy buena con el actual Gobierno, pero este no nos financia. Es la solidaridad internacional la que hace posible que el CTS funcione.
En mi opinión, el fuerte sentimiento antifrancés hace que la gente no esté prestando suficiente atención a la verdadera fuente de la brutalidad imperialista actual: Estados Unidos y la OTAN. ¿Qué opinas?
Hace unos años, esto me preocupaba realmente. Veía que existía una atención casi exclusiva y desmesurada sobre Francia, pero creo sinceramente que eso ha cambiado. Cada vez más personas están adoptando una posición crítica frente al imperialismo estadounidense y son conscientes del papel de la OTAN.
Níger fue el primer país en romper su cooperación con AFRICOM. Eritrea es el único país de África que nunca ha tenido acuerdos con AFRICOM, y Níger es el primero que rompe esa cadena. Esto fue resultado de un movimiento popular: hubo una enorme movilización popular no solo contra Francia, sino también contra Estados Unidos.
Creo que en los últimos años hemos visto una comprensión más clara del papel de Estados Unidos. Puedo darte algunos ejemplos.
Cuando el general Michael Langley, de AFRICOM, hizo comentarios despectivos sobre Ibrahim Traoré, hubo numerosas manifestaciones ante embajadas estadounidenses en distintos lugares. Fueron manifestaciones multitudinarias.
Cuando, hace un año o más, Human Rights Watch comenzó a acusar al Ejército de Burkina Faso de cometer masacres y abusos contra la población, la gente protestó ante las embajadas estadounidenses porque sabía que Estados Unidos estaba detrás de esas narrativas falsas. Algunos miembros de nuestro Centro participaron en la manifestación ante la embajada estadounidense en Uagadugú y hablaron con personas que decían entender que Francia es más visible, «pero también entendemos que Francia no actúa sola y que Estados Unidos está detrás».
Esa comprensión empezaba a extenderse y hoy existe un sentimiento anti-OTAN más fuerte. Incluso hay carteles y grafitis que denuncian a la OTAN.
Otro ejemplo de que la gente comprende más de lo que quizá pueda percibirse desde fuera es lo que está sucediendo en Bobo-Dioulasso, la segunda ciudad más grande de Burkina Faso. Frente a su principal universidad, Nazi Boni, hay desde el año pasado un enorme mural que denuncia el terrorismo. La pintura representa a tres terroristas cuyos rostros son, respectivamente, las banderas francesa, estadounidense y ucraniana.
Ahora, con el segundo mandato de Donald Trump y el caos que ha provocado en los países aliados de Burkina Faso —Venezuela, Cuba, Irán, etc.—, el movimiento antiimperialista de Burkina Faso está combatiendo el imperialismo estadounidense con aún más fuerza. La contradicción se ha vuelto absolutamente evidente. Ya no existe el “sueño americano”.
¿Qué crees que hay detrás de este cambio, de este despertar social?
Creo que desde hace algún tiempo, en el actual contexto geopolítico, la gente se ha visto obligada a agudizar su mirada.
Por ejemplo, Ibrahim Traoré, Assimi Goïta y Abdourahamane Tchiani han mantenido relaciones con la Venezuela de Maduro y con la Revolución cubana. Esto obliga a la gente a comprender de otra manera lo que realmente está sucediendo en Venezuela o Cuba. Ahora que estamos prestando tanta atención a las políticas de Sankara, la gente está adquiriendo una mejor comprensión de otras revoluciones. Estamos viendo una forma más abiertamente globalizada de imperialismo, y pueden observarse estos paralelismos. Cuando Nicaragua abrió una embajada en Burkina Faso hace unos años, la gente apenas conocía el país. Ahora existe interés por la Revolución Sandinista, por Corea del Norte; incluso lo que está ocurriendo en Palestina se contempla desde una perspectiva antiimperialista.
Por supuesto, la estrecha relación de nuestro Gobierno con Rusia también desempeña un papel importante. Está haciendo que la gente piense sobre el imperialismo desde distintos puntos de vista y sea más consciente.
Tengo que decir que las masas aquí tienen bastante conciencia política. Por supuesto, existen diferentes niveles de conciencia, pero hay una sólida base antiimperialista y anticolonialista, y está muy extendida. Las personas que viven en las zonas rurales más remotas quizá no te hablen de la OTAN o de Maduro, pero tienen muy claro que están hartas de Francia y que Europa no ha hecho nada bueno en África.
Incluso en los lugares más remotos existe un fuerte sentimiento panafricanista. Por ejemplo, la gente entiende que las fronteras que hemos heredado son un legado del colonialismo y que nuestros pueblos quieren vivir juntos en lugar de estar divididos.
Incluso en comparación con otros países africanos, considero que el nivel de conciencia antiimperialista en Burkina Faso es mayor y está más extendido.
¿Ocurre lo mismo en Níger y Mali?
Creo que sí. Creo que Burkina Faso, Mali y Níger se encuentran actualmente en el centro del antiimperialismo africano.
Es cierto que Ibrahim Traoré es el más carismático de los tres dirigentes y el que tiene una mejor comunicación, pero la lucha antiimperialista que se está desarrollando en Mali y Níger es extremadamente significativa e importante.
En cierto modo, creo que Níger no recibe el reconocimiento que merece. Es el único país que ha situado el imperialismo estadounidense en el centro de su lucha desde el principio; es el único que se ha enfrentado cara a cara con AFRICOM.
Por ejemplo, Níger posee uno de los mayores yacimientos de uranio del mundo y ha nacionalizado su sector del uranio, hasta ahora en manos de la empresa estatal francesa Orano.
Considero que Burkina Faso va por delante en lo que respecta a la transformación de las condiciones materiales de vida de la población mediante la industrialización y la soberanía alimentaria, y también debido a sus dirigentes y a la manera en que la población se organiza a escala masiva, por ejemplo a través de los grupos de vigilancia ciudadana (Veille citoyenne / les Wayiyans) y los Voluntarios para la Defensa de la Patria (Volontaires pour la défense de la patrie). Pero los avances que están ocurriendo en Níger y Mali también son muy importantes.
Mali también está realizando grandes esfuerzos en colaboración con Rusia, con la que también trabaja para desarrollar la energía nuclear y solar. Asimismo, está luchando por conseguir un mayor control sobre sus minas de oro y se ha enfrentado a varias grandes empresas que operan allí, como Resolute Mining y Barrick Gold.
Creo que los tres países están consiguiendo avances en un ámbito u otro. Cada avance de uno de los tres es un avance para todos ellos y, del mismo modo, cada ataque del imperialismo contra uno de ellos daña también a los otros dos. Están unidos y saben que el imperialismo nunca se detiene.
Finalmente, hablemos un poco de las ONG occidentales.
La gente no confía en absoluto en algunas de las grandes ONG, como Human Rights Watch o Amnistía Internacional, debido a las narrativas que llevan tiempo difundiendo sobre nosotros por todo el mundo. La gente de aquí no se las toma en serio; existe mucho escepticismo.
Sinceramente, una de las cosas que llevo tiempo escuchando aquí es que muchas ONG extranjeras han apoyado al terrorismo o que, de alguna manera, sirven como mecanismo para blanquear dinero. Por ejemplo, cuando los terroristas controlan una zona roja, donde incluso el Ejército tiene dificultades para acceder, ¡las ONG entran sin ningún problema! Eso hace saltar muchas alarmas. La gente cree que, bajo la apariencia de proporcionar ayuda, todas ellas trabajan con el mismo objetivo.
La gente se hace muchas preguntas sobre las ONG occidentales: ¿Quiénes son estas personas? ¿Qué es lo que traen? ¿Cómo consiguen entrar en estas zonas?
También diría que sigue existiendo en África un grave problema con este tipo de mentalidad del «salvador blanco». Es muy lamentable.
Tenemos que volver la mirada hacia la época de Sankara. Los pueblos de África serán libres cuando sean ellos mismos quienes lleven a cabo la lucha por la liberación, se unan y construyan algo nuevo basado en su propia cultura. África no será libre porque los occidentales vengan con limosnas. No funciona así.
Por último, es importante señalar que las ONG han desempeñado un papel muy importante en África en lo que respecta a destruir la ideología revolucionaria. Alejan a la gente del contexto revolucionario.
Por ejemplo, la lucha por la igualdad de las mujeres durante la época de Sankara estaba integrada en la revolución. La idea era que el proceso revolucionario implicaba elevar a las mujeres a posiciones de igualdad. Como te he dicho, uno de los valores del CTS es la emancipación de las mujeres.
Y este es un ámbito en el que chocamos con determinadas ONG, porque sacan esa lucha de su contexto revolucionario. Han oenegizado la lucha y esto genera un rechazo entre la población, que ahora se opone a ella porque la percibe como algo procedente de las ONG occidentales.
Estamos trabajando para devolver estas luchas al contexto revolucionario. No hay otra manera.
Thomas Sankara, Samora Machel, Ahmed Sékou Touré y tantos otros incluían la emancipación de las mujeres a sus luchas de liberación, y aquellos proyectos fueron, y siguen siendo, muy diferentes de lo que proponen las ONG occidentales.
(Publicado en Al Mayadeen en español, el 26 de septiembre de 2026)









