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El bloqueo agrede a todo el pueblo cubano. Cristóbal León Campos

El bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por el gobierno de los Estados Unidos contra la Revolución Cubana dejó hace muchos años de ser una estrategia política de confrontación entre dos sistemas, capitalismo vs socialismo, para convertirse en una de las vertientes más inhumanas del capitalismo imperialista actual, pues si bien sus efectos nunca fueron exclusivos a la dirigencia política de la isla caribeña y siempre incidieron en la vida cotidiana del pueblo cubano, hoy en día, con el recrudecimiento implementado por Donald Trump y Marco Rubio a través de medidas asfixiantes como el cerco a la llegada de combustibles (particularmente petróleo) desde enero de este 2026, el grado de afectación ya no puede suscribirse a una simple estrategia de confrontación política, sino que pasó al nivel más alto de las agresiones de un imperio contra un pueblo conocidas por la humanidad; lo que el imperialismo estadounidense hace se llama genocidio, debido a lo premeditado y alevoso de las agresiones y por el incremento potencializado de los efectos de las medidas que repercuten en toda la economía cubana y por ende en todas las necesidades de la vida cotidiana del pueblo cubano.

Al respecto, Bruno Rodríguez Parrilla, ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, señaló que el bloqueo “no castiga a un gobierno, castiga la vida cotidiana de un pueblo en todos los ámbitos”, al presentar el “Informe de Cuba sobre las afectaciones del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos”, que acompaña la resolución A/RES/80/4, titulada “Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba”, aprobada por mayoría en la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el 29 de octubre de 2025. Este documento, que en esta ocasión abarca el periodo temporal del 1 de marzo de 2025 al 28 de febrero de 2026, es entregado por el Gobierno Revolucionario de Cuba al Secretario General de la ONU, donde reúne información detallada sobre las afectaciones económicas, comerciales y financieras ocasionadas por el bloqueo, con ejemplos puntuales de cómo las consecuencias de la estrategia genocida imperialista daña la vida cotidiana del pueblo cubano y cómo limita y afecta a los derechos fundamentales de toda Cuba.

Este nuevo informe detalla las afectaciones económicas, que, ahora, ascienden a 178 mil 700 millones 500 mil dólares a precios corrientes, representando un 4.7 por ciento más respecto al cálculo presentado en el informe anterior. Además de que, en la temporalidad del informe actual, puede observarse la cifra récord de 8 mil 83 millones 300 mil dólares, un 7% superior a las pérdidas causadas por el bloqueo en el período previo. Tan solo con las cifras anteriores, basta para dejar en claro el empecinado deseo de destrucción inhumana que ha alcanzado el imperialismo estadounidense, pues después de más de 65 años de implementación del bloqueo, el propio Donald Trump ha reconocido en diversos momentos que “No creo que se pueda ejercer mucha más presión, salvo entrar y destrozar el lugar”, lo que no es otra cosa que aceptar la culpa del daño al pueblo cubano, que, como arte de magia, posteriormente niega el propio imperialismo, siendo esa aceptación-negación otra de las formas de manipulación mediática, ya que representa una “caricaturización” de la barbarie desarrollada.

Como parte de la presentación del informe, el ministro Bruno Rodríguez, ejemplificó cómo se observan las afectaciones del bloqueo a la vida cotidiana del pueblo cubano señalando que en “los largos meses viviendo con solo dos o tres horas diarias de electricidad o menos, con los alimentos echándose a perder, el calor que no deja dormir, los padres abanicando a sus bebés, los niños en penumbras haciendo sus tareas escolares, los jóvenes sin conectividad o sin recreación, los abuelos sin televisión o a veces incluso radio, toda la vida familiar dañada”. A lo que deben agregarse que el bloqueo al petróleo y demás combustibles impacta no solo en el suministro de electricidad, sino el servicio de agua, lo que puede advertirse que genera graves daños a la salud de las y los cubanos. Es decir, cuando se habla del bloqueo a Cuba su mención no se reduce a daños económicos, sino que se refiere a la afectación de la vida cotidiana en todas sus aristas: trabajo, salud, alimentación, recreación, convivencia familiar y comunitaria, educación y desarrollo deportivo y científico, recordando también, que los niveles de afectación se incrementan cuando hablamos de sectores poblacionales como son la niñez, los adultos mayores, las mujeres, las personas con padecimientos crónicos o enfermedades graves, así como los sectores de trabajadoras y trabajadores. Es obvio que el imperialismo busca asfixiar al pueblo para destruir la libertad conquistada desde el triunfo revolucionario en 1959.

Pero Cuba, su pueblo y revolución, no están solos, la presentación del más reciente informe sobre el bloqueo económico, comercial y financiero es acompañada por la solidaridad internacionalista que apoya y defiende a la Revolución, y que lucha por echar abajo esta medida genocida del imperialismo estadounidense. Cuba no es una amenaza, es un ejemplo de resistencia y emancipación, y en cambio, el bloqueo sí es una amenaza para la vida del pueblo cubano, ¡y debe detenerse ya!

 

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