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Inentendible. Farruco Sesto

Me gusta la palabra inentendible, por lo directa que es. Me gusta más que las palabras ininteligible e incomprensible, que vienen siendo sus sinónimos. Es una cuestión de gustos personales, lo reconozco. De tal manera que lo que no entiendo ni puedo entender por más que le dé vueltas, es para mí, inentendible.

Así, los actores de la vorágine geopolítica de nuestro tiempo pueden ser entendibles o inentendibles. Cito a los principales.

Entiendo a China. Así lo creo. La he venido siguiendo con atención desde que en 1980 la visité, acompañando a Alfredo Maneiro y dos compañeros más. Invitados por el Partido Comunista de China, recorrimos Beijing, Nanjing, Hangzhou y Shanghái, si mal no recuerdo. Con el tiempo, llegaría a conocer también Shenzhen y Xi’an. En todo caso, a partir de esas experiencias y del atento seguimiento que le he venido haciendo, puedo decir hoy día que me compenetro bastante con la lógica de paz y de respeto que hay en su actuación internacional.

Con respecto a la Federación de Rusia, aunque de ese inmenso país solo he podido visitar Moscú, creo que también lo entiendo bien en sus planteamientos. Tengo muy claro, por supuesto, que atrás quedó la revolución soviética, la primera en la historia donde los obreros, campesinos y soldados, alcanzaron el poder y lo mantuvieron. Una revolución que era para nosotros referencia. Pero ¿quién puede dudar ahora de que Rusia, en sus posiciones geopolíticas, muestra una lógica impecable? Basta prestar atención a cualquier rueda de prensa de su canciller Sergéi Lavrov, para darse cuenta de su absoluta coherencia.

¿Y con respecto a los EEUU? Que nadie se sorprenda, pero creo que también los entiendo. Y más aún después de leer “El monstruo y sus entrañas”, de Vladimir Acosta, En lo personal, visité los EEUU en diversas épocas: recuerdo haber estado en New York, Ithaca, Washington, Dallas, Miami, y San Antonio. Con relación a sus cualidades como sociedad, valoro algunas y aborrezco muchas. Pero tengo claro lo que representa como nación imperial, qué tipo de ideología guía a sus élites, y qué es lo que busca con su neurosis de dominio hegemónico. En ella hay una lógica perversa en función de sus intereses, pero lógica al fin.

Entonces ¿A quién es que no entiendo? Lo confieso; no entiendo a Europa. Aunque en ella nací y con el tiempo he visitado una docena de sus países, lo cual debería ser un buen punto de partida para descifrarla, confieso que me es totalmente imposible lograrlo.

No entiendo su vocación de protectorado. No encuentro la lógica de sus posiciones, ni logro desentrañar las razones profundas de su sometimiento servil, ni mucho menos la renuncia a manejarse con personalidad propia en un mundo multipolar. Ay, Europa, Europa. Perdón por la expresión, pero ¡que vaina! La inentendible Europa.

(Publicado en Correo del Orinoco, el 16 de junio de 2022)

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