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Nicaragua soberana en todos los frentes. Ramón Pedregal Casanova

El día 4 de febrero, buques de guerra del régimen salvadoreño se posicionan en aguas de Nicaragua en el Océano Pacífico a menos de 30 millas de la costa. El gobierno y la marina nicaragüenses han instado, en primer lugar, al mandatario del país vecino y a los comandantes de las naves invasoras a retirarse. Y en segundo lugar el gobierno sandinista invita al de El Salvador a acudir al Tribunal Internacional y allí plantear y resolver cualquier diferencia si considera que la hay.

El paso dado por el gobierno salvadoreño no pone ningún interrogante para la discusión, pues las aguas que pertenecen a Nicaragua nunca en la Historia han sido cuestionadas por nadie, forman parte de la nación nicaragüense desde su nacimiento. Y por lo que respecta a la vecindad puede añadirse que El Salvador mismo negó a Honduras su disposición a hacerse con parte del espacio en el conocido como Golfo de Fonseca. Sobre éste particular hay que advertir de la firma el 27 de octubre de 2021 del Tratado de Límites entre la República de Nicaragua y la República de Honduras en el Mar Caribe y Aguas fuera del Golfo de Fonseca, considerando así como zona de paz el espacio marítimo referido.

Con el Tratado de Límites, Nicaragua accedió a que Honduras dispusiera del derecho a una parte, tal y como indica lo firmado en instancias internacionales, y se invitó al gobierno de El Salvador a participar en él, y, dice el Tratado, “mantener los espacios marítimos en el Golfo de Fonseca y en el Océano Pacífico, como zonas de paz, desarrollo sostenible y seguridad, así como ampliar los lazos de cooperación”.

A todo esto debe añadirse que en 1992 la Corte Internacional de Justicia reconoció que el límite natural fronterizo de Nicaragua en el Golfo de Fonseca era únicamente con Honduras. La invasión de las aguas nicaragüenses es la manifestación de rechazo, mediante el lenguaje de los hechos consumados, de la colaboración y el entendimiento en base al Derecho. La pregunta es obligada, ¿a Bukele no le interesa la paz?

A los buques de guerra invasores y al gobierno que obedecen se les ha presentado la opción de aclarar el contencioso en los organismos de Justicia Internacional, ¿van a escoger el camino que garantiza la estabilidad en la región?

No podemos dejar de pensar en quién se beneficiaría en el peor escenario, y ésto es debido a que se encuentran presentes los resultados de otros intentos de destruir Nicaragua en su momento actual, resultados a los que parece querer superponerse la presión expuesta. Es fácil ver cuándo, en qué momento político, la marina de guerra salvadoreña realiza la invasión. Es fácil ver las vías sociales tan opuestas en las que trabaja cada uno de los dos gobiernos. Los respaldos internacionales con los que cuentan. Es fácil ver el espacio geoestratégico que comparten. A ello se añaden asuntos políticos que, siendo internos, afectando a uno y otro, tienen vía jurídica interna. El imperialismo no deja de planificar escenarios para generar estrategias, y cada escenario tiene un principio en un cable conductor que puede desarrollar otros escenarios en escalada.

Obsérvese, en Nicaragua se empieza a juzgar a los golpistas y los conectores instalados en su cable, actores de calle y responsables pensantes que, tras el fracaso de 2018, se les descubrió encauzando millones de dólares de la CIA para realizar un segundo intento con el que impedir las elecciones del 7 de noviembre de 2021, o sembrar sobre sus resultados la idea internacional de invalidez, ya que sabía la mafia del país del norte que iban a ser contrarios a sus intereses. Entre las pruebas se han presentado un buen número de comunicaciones que mantuvieron los mercenarios con los pagadores, esas comunicaciones las dio a conocer Wikileaks. No está demás añadir que en el caso de los contrarrevolucionarios que se presentaban como disidentes del FSLN, lo hacían para desviar la atención, pues desde su abandono han transcurrido varias décadas, y a lo largo de ellas han creado sus propias organizaciones que, como se sabe, la CIA ha orientado su política.

Fracasaron en 2018, fracasó el imperio, y sus acólitos no construyeron un referente político, y las familias renombradas que han querido pasar por mártires, con la propaganda del monopolio capitalista, no se despegaron del ridículo de vérseles las manos guardando dinero que les llegaba escondido. Ni el pueblo hizo caso a su boicot. ¿Qué les queda por hacer? Si la abstención fue el trapo para agitar en el exterior, y acabó por no tener más eco que el de los repetidores instalados hasta ahogarse que en sus voces fabricadas, preguntemos de nuevo: ¿qué les queda por hacer?, ¿lo que hacen con Ucrania frente a Rusia?, ¿atizar a un vecino para que se desarrolle un conflicto entre naciones?, ¿lo qué hicieron entre Iraq e Irán en su día?, y como parte de la burla criminal, el dinero que sacaban con la venta de armas la empleaban en el ejército mercenario, conocido por el nombre de “contras”, en Nicaragua.

¿Va a despreciar el gobierno de El Salvador la mano tendida del gobierno sandinista?, ¿Bukele va a despreciar el Derecho Internacional? Bukele sabe, como sabemos todos, que tras la guerra en la que desangró a Nicaragua mediante la “contra”, la Corte Internacional de Justicia condenó por primera vez a EEUU a indemnizar al país que había agredido hasta bloquearle con minas sus aguas territoriales, y el régimen imperial, como mandan sus genes, ha despreciado la sentencia y se ha negado a resarcir al pueblo de Nicaragua.

Reclamar las aguas de Nicaragua situando en ellas buques de guerra, puede que nos enseñe si ese acto tiene un cable largo, un cable que viene del norte para alimentar la ilegalidad. Es de desear que el escenario enseñe que no contiene la planificación de la estrategia que el imperio aplica en otros escenarios. No obstante, la firmeza y el juicio con que Nicaragua está defendiendo su Derecho y Soberanía en este tema, pone en evidencia una vez más que la Patria de Sandino resguarda estos principios inalienables en todos los frentes, de todas las formas posibles y con el aplomo y la legalidad requerida.

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