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Participación del Frente Antiimperialista Internacionalista en el Encuentro Mundial de la Clase Obrera Antiimperialista

El encuentro había sido convocado por la Vicepresidencia de la Clase Obrera del Partido Socialista Unido de Venezuela (VCO-PSUV) y la Central Bolivariana Socialista de Trabajadores de la Ciudad, Campo y Pesca (CBST-CCP) y se celebró por teleconferencia,los días 12 y 13 de Noviembre del año 2020.

Los objetivos del Encuentro eran:

  1. Construir colectivamente un Programa de Luchas Mundiales de Trabajadoras y Trabajadores, que permitan la inclusión, integración, direccionamiento y articulación de las diversas formas de lucha y organización de la clase trabajadora.
  2. Avanzar en la organización mundial de la Plataforma, constituyendo la Comisión de Enlace Promotora de la Clase Obrera, a nivel mundial y en las principales regiones y/o subregiones; América Latina, América del Norte, Europa, África, Asia y Oceanía y en los diferentes países.
  3. Profundizar las campañas internacionales de solidaridad contra las sanciones imperiales a naciones y pueblos soberanos, desarrollando un Plan de acción de alcance internacional.
  4. Desarrollar un plan de acción inmediato de carácter internacional en la defensa de la soberanía de Venezuela en su derecho constitucional de realizar las elecciones parlamentarias el 6 de diciembre sin injerencias extranjeras.

Presentó la jornada Jacobo Torres, Responsable de Internacional de la Central Bolivariana de Trabajadores de Venezuela. Recalcó que la iniciativa no pretendía suplir ninguna de las estructuras Internacionales existentes de la clase obrera, sino de construir un frente netamente antiimperialista.

Atendiendo a la invitación recibida, en los debates participaron tres compañeros del FAI, que presentaron el documento que se muestra a continuación; la mayor parte de sus propuestas fueron trasladadas a la Declaración Final del Encuentro y a su Plan de Trabajo, que haremos público en cuanto nos llegue.

Clausuró el Encuentro el presidente Nicolás Maduro Moros, que indicó que la iniciativa surge del «Foro de Sao Paulo» 2019, celebrado en Venezuela. Hizo un llamamiento a multiplicarse por todas las redes sociales y nos convoca a un nuevo Encuentro a mediados de 2021.

Participaron más de 200 personas de 61 países, 171 organizaciones sindicales, 87 organizaciones progresistas y 48 partidos políticos.


A continuación, la aportación del FAI al Encuentro:

Aportación del FRENTE ANTIIMPERIALISTA INTERNACIONALISTA al Encuentro de la clase obrera antimperialista.

 

Mesa 1: Impulso de la clase obrera antimperialista y perspectivas

Un saludo fraterno y agradecido desde el FAI a todos los compañeros y compañeras que participáis y que habéis hecho posible este encuentro. Nuestra razón de ser como organización nos lleva a estar presentes en este espacio de construcción antiimperialista e internacionalista, dos claves que son esenciales en el momento histórico que nos toca vivir para establecer dinámicas de trasformación.

Estamos inmersos en una profunda crisis estructural del capitalismo a la que se ha superpuesto un virus, cuya letalidad sanitaria probablemente sólo podrá ser ensombrecida por su letalidad económica y social. Son tiempos convulsos donde lo urgente no puede dejar de atenderse, pero sin que ello suponga encerrarnos en un presentismo férreo.

El sistema capitalista está inmerso en un cambio de fase. Décadas de saqueo y expolio del neoliberalismo financiarista nos han dejado un debilitamiento sistemático del Estado y del papel de la economía productiva, al tiempo que las clases populares soportaban un pesado yugo sobre el que se ha multiplicado la desigualdad. Un período en el que se han intensificado los procesos de acumulación por desposesión en todo el planeta.

Las élites del capitalismo global lejos de caer en el presentismo del coronavirus están construyendo su hoja de ruta, y eso no se puede pasar por alto si queremos construir respuestas efectivas. Kissinger reflexionaba al respecto y de su punto de vista se pueden reseñar tres aspectos:

  • La desconexión con el pasado anterior a la coronacrisis, porque todo va a cambiar radicalmente.
  • La irrelevancia de lo objetivamente justo en la forma de actuar durante esta crisis, porque urge superar el momento actual.
  • Y la salvaguarda a toda costa del Orden Mundial liberal

Si a estos tres pilares añadimos la propuesta del Gran reset hecha por el Foro económico mundial nos encontramos: sin pasado, sin referencia de justicia, borrando todo lo anterior, y sin afectar a lo esencial de su proyecto como élites que es mantener su Orden mundial liberal, es decir, la dinámica de acumulación capitalista. Su reinicio del sistema supone de facto la implantación un régimen de impunidad total.

Nos adentramos en un proceso no exento de caos y en el que no hay marcha atrás. Un proceso de deconstrucción creativa en la que los mercados en palabras de GoldmanSach “apoyan los modelos de negocio que funcionan y matan de hambre a los que no, es la forma en que las economías se adaptan a las nuevas circunstancias”. No parece una exageración afirmar que estamos en una nueva forma de guerra del Capital contra el Trabajo que incluye también confrontación interimperialista.

Pero todo cambio de fase tiene su etapa previa de transición y en ella estamos, con los principales bancos centrales del capitalismo globalizado inyectando billones de dólares, en un proceso de saqueo en el que con dinero público se compran bonos de grandes corporaciones y bancos cuyos balances son insostenibles; en el que se permite a las grandes empresas endeudarse no para hacerlas más viables sino para comprar sus propias acciones y mantener su lucro en un mercado bursátil que es una gran mentira. Inyecciones monetarias que no llegan a la gente pero sí que lo hacen a los bolsillos de los de siempre como pone de manifiesto el hecho de que entre abril y julio de 2020, en pleno confinamiento domiciliario en muchos países del mundo, la fortuna de los mil millonarios ha aumentado un 27% a nivel global. Es un proceso de acumulación tan voraz que se devora a sí mismo y nos devora a los demás.

Pero el caos no es el punto referencial de las élites. Aprovechan el shock del virus para pedir un nuevo Bretton Woods y para reconfigurar legalidades e instituciones, sin embargo, también ponen encima de la mesa elementos que les permiten seguir creando expectativas. Nos referimos al progreso científico-técnico, un elemento que ha salido reforzado en esta coronacrisis, y cuya formulación concretan en la Cuarta revolución industrial.

¿Y qué sujetos estarán al frente de la gestión del nuevo paradigma según las élites? El estado en el orden liberal se concibe como un elemento de salvataje, cada vez más debilitado por la deuda pública, pero necesario para conservar el orden público, unas condiciones mínimas de supervivencia social y, cómo no, para financiar con dinero público los grandes agujeros de quienes son demasiado grandes para dejarles caer. Por su parte, el sistema financiero todavía tiene una enorme burbuja que no ha sido digerida y 2008 está demasiado reciente en el imaginario colectivo. Nos quedan las grandes corporaciones transnacionales que además son actores principales en el desarrollo tecnológico de la cuarta revolución industrial.

Davos ha señalado que el cambio de fase pasa por abandonar el “capitalismo de accionistas” en el que el reparto de dividendos entre quienes financian las empresas es el gran objetivo de sus políticas, e implantar un “capitalismo de partes interesadas” donde hay que tener presente a los clientes, los trabajadores y sus condiciones laborales, los proveedores, las comunidades donde se implantan las corporaciones, y cómo no, también a los accionistas pero con visión de largo plazo. La Bussines RoundTable, uno de los grupos de presión más importantes a nivel mundial que agrupa a más de 180 grandes corporaciones estadounidenses ya ha firmado su compromiso con estas nuevas reglas del juego.

Pero hablar de reinicio no significa cambio de sistema. Las grandes corporaciones siguen manteniendo los Tribunales de Arbitraje internacionales para doblegar a los Estados y sus posibles políticas sociales; siguen negándose a reconocer las consecuencias de sus procesos de inversión y explotación como ponen de manifiesto en las negociaciones en la ONU para establecer un Tratado vinculante sobre empresas transnacionales y derechos humanos; siguen con el discurso de una pírrica responsabilidad social corporativa que es voluntaria, autorregulada, autoevaluada y no exigible.

Necesitan modificar los sistemas educativos para que les suministren la mano de obra que necesitan; destruir millones de puestos de trabajo que no les son rentables aunque aseguren que van a generar otros nuevos; acentuarán la dualidad de un mercado laboral en el que sólo sobrevivirán aquellos que sepan adaptarse; ocultar las dinámicas de injusticia estructural tras el velo del fracaso personal… Y discutirán sobre si tienen que pagar impuestos o no por los robots incorporados a las cadenas de producción, pero no pondrán encima de la mesa la autogestión obrera, ni la propiedad de los medios de producción colectiva, ni el reconocimiento del valor económico por la centralidad de la persona que desarrolla la actividad, ni los procesos de acumulación, ni las necesidades del cuidarnos y de cuidar un medio ambiente que nos sostiene.

Los aspectos de fondo no los arregla su gran reinicio, ni un progreso científico técnico que antepone la lógica del beneficio a la de las necesidades, ni declarando la cuarta revolución industrial como un elemento de seguridad nacional lo que asegura un enfrentamiento con China. Esto pasa por desmontar un sistema de explotación, agresión, injerencia y acumulación por desposesión en el que el mundo del trabajo tiene un papel irrenunciable.

PROPUESTAS:

En estas circunstancias estamos llamados a resistir construyendo.

Resistir pasa por hacer frente a la dinámica imperialista que despoja, que reprime, que aisla, que subsume y que en último término elimina. Pero no queda ahí el papel de resistencia. Resistir también supone construir identidad, compartir proyectos comunes, generar nuevas formas organizativas y estructuras institucionales, establecer puentes internacionalistas. Todo este proceso es el que nos permitirá hablar de soberanía, es el proceso que nos hace fuertes ante la injerencia y la amenaza permanente.

La soberanía no se autoproclama, se construye; no se puede concebir al margen de las condiciones de vida de los pueblos, ni tampoco de su dignidad más profunda. A este proceso de construcción colectiva estamos llamados y llamadas como clase obrera.

La clase obrera debe saltar los muros de las fábricas para construir con los movimientos populares alternativas más amplias. Una dinámica que ha de ser profundamente participativa, esto es organizada, colectiva, con capacidad para fijarse objetivos propios y para decidir.

La dinámica internacionalista es un elemento de vida o muerte para la clase obrera. Si no se internacionaliza nuevamente, herramientas como la deslocalización en manos de las grandes corporaciones, la amenaza de la desinversión extranjera o la guerra económica serán obstáculos cada vez más difíciles de superar. Cuanto más tardemos en hacer del internacionalismo algo operativo más les toca tirar de heroísmo a los compañeros y compañeras que llevan décadas acosados por el imperialismo.

Necesitamos bloques regionales que establezcan mercados justos e instrumentos de financiación sostenibles y en esto, la lucha desde el proceso bolivariano continental es una lucha que debemos respaldar como algo propio. Esta estructura debe ampliarse a ámbitos productivos y logísticos, al tiempo que se replica a pequeña escala en los distintos ámbitos locales y estatales. Las grandes construcciones deben dotarse de cimientos sólidos para poder persistir en el tiempo.

Conviene además tener presente que las dos últimas crisis también han sacudido con fuerza a las clases obreras de los países hasta ahora hegemónicos. Es necesario un proceso de politización y formación crítica del mundo del trabajo que nos concierne a todos y todas. Las figuras del emprendedor que se hace a sí mismo o del autónomo que lucha aislado por sobrevivir no están precisamente alineadas con la construcción e identidad de una clase obrera transformadora.

Es necesario acabar con el hiperindividualismo actual, y ello pasa por establecer criterios de lucha desde los que contribuir, desde nuestras particularidades, a un proyecto global que entendemos ha de ser socialista.

Para construir este proyecto tan importante de unidad de lucha hay que:

1) Recuperar los aprendizajes de las luchas antiimperialistas que nos precedieron, nunca se construye desde la nada.

2) Formarse-formarnos para la lucha y para caminar en la misma dirección. Necesitamos conocer cómo funciona este sistema, cuál es su lógica, cuáles son sus planes, sus fortalezas y sobre todo sus debilidades. Tenemos que ser capaces de hacer un diagnóstico común.

3) Necesitamos encontrar los elementos esenciales que nos unen y poder así establecer las prioridades de lucha.

4) Es necesario elaborar un plan de acción antiimperialista que nos permita caminar de forma sistemática y constante.

Queremos terminar poniendo de manifiesto la urgencia por romper una hegemonía cultural que ha naturalizado y establecido un sentido común en el que muchos sólo alcanzan a preguntarse por el qué hay de lo mío; otros, que han socializado su estatus más elevado, se preocupan por el qué hay de lo nuestro; pero la pregunta por el qué hay de lo de todos y todas es la que nos abre a procesos revolucionarios y de transformación. Es desde ahí desde donde debemos trabajar, sabiendo que como decían en la revolución mejicana: “O peleamos juntos o nos cuelgan por separado”.

Seguimos en la lucha fraterna, antiimperialista e internacionalista.

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