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Solo el boicot internacional puede parar al estado genocida de Israel

Desde hace décadas estamos siendo testigos de la aniquilación lenta, continua, sistemática y cuidadosamente planificada del pueblo de Palestina por parte del Estado sionista de Israel. Lo hace con toda impunidad porque cuenta con la complicidad de las principales potencias del capitalismo mundial disfrazadas de democracia.

El Estado sionista de Israel es el hijo predilecto de Estados Unidos, su gran baza imperialista en Oriente Medio, al que inyecta todos los años millones de dólares, gran parte de ellos en armamento. Que se lo pregunten si no a la vicepresidenta “progre” de EE.UU, Kamala Harris, que lo dijo bien claro en una reunión de la AIPAC (American Israel Public Affairs Committee), el mayor lobby sionista del mundo arrullado por las sectas fundamentalistas evangélicas de la potencia norteamericana.

Por mucho que la ONU -ese inútil monstruo burocrático- haya emitido repetidas condenas a Israel por su constante violación de las leyes internacionales -ese enorme tocho de papel mojado- o por su violación de los derechos humanos -esa letra muerta- del pueblo palestino, con el simple veto de Estados Unidos en el Consejo de Seguridad o la vergonzante abstención de Reino Unido -responsable en primer lugar de la tragedia palestina-, Israel tiene asegurado el seguir a placer con su operación de limpieza étnica y su Estado de verdadero apartheid.

El Estado sionista de Israel es una potencia militar y económica que gasta parte de su presupuesto en mantener grupos de presión en todo el mundo para que políticos y empresas mediáticas adopten y repitan su discurso falaz, mediante compra, sobornos o bajo serias amenazas si se topa con la más mínima disidencia u objeción. De ahí que hoy día cuente con un ejército de políticos y periodistas mercenarios a su completo servicio.

Este ejército de esbirros del sionismo tiene por misión hacer creer al mundo que Israel es “la única democracia” en Oriente Medio, cuando en realidad es una etnocracia, un régimen racista de apartheid; que Israel “tiene derecho a existir”, cuando lo que eso significa de facto es que ese derecho se lo niega a los habitantes que estaban allí mucho antes de que Israel se constituyera como Estado en un territorio que era “protectorado” del imperio británico.

Rahad al Masri, niña de 6 años asesinada en uno de los últimos bombardeos de Israel

Ese ejército mercenario tiene la misión de hacer creer, por añadidura, que el robo de la tierra palestina, la opresión de su pueblo y el intento de su exterminio derivan del “derecho de Israel a defenderse”; y que cualquier crítica a la ideología sionista sobre la que se construye el Estado de Israel, provenga o no de la propia comunidad judía, es “antisemitismo” y por tanto “delito de odio”.

Como decía Malcolm X, los periódicos te harán amar al opresor y odiar al oprimido. De eso se trata. En este caso, los esbirros político-mediáticos del sionismo convierten al opresor en oprimido y a éste en opresor. De ahí que las organizaciones palestinas hayan pasado a engrosar la lista negra del “terrorismo”, lugar a donde van a parar todas las entidades que no se pliegan a las exigencias del Pontífice Máximo de la Casa Blanca y su lugarteniente de Tel Aviv.

Con esta calificación de “terrorista” o “promotor del terrorismo”, se criminaliza toda forma de solidaridad con el pueblo oprimido de Palestina, como puede atestiguar el caso más reciente de la cooperante andaluza Juana Ruiz, encarcelada en Israel por “pertenencia a organización ilegal”, como están considerados los Comités de Trabajo para la Salud que prestan ayuda sanitaria al pueblo palestino.

Por ello no puede sorprender que, ante la nueva agresión a la Franja de Gaza, esa prisión a cielo abierto donde dos millones de almas sobreviven en condiciones draconianas debido al bloqueo impuesto por Israel, una vez más haya que cavar muy hondo para encontrar una sola noticia en los grandes medios que no trate de deshumanizar al pueblo palestino.

La realidad que vive este pueblo en los territorios ilegalmente ocupados por el ente sionista puede definirse, resumidamente, en cuatro puntos:

  1. La ocupación de sus tierras -reconocidas como tales en los tratados internacionales-, es ya de entrada y de por sí violencia contra Palestina.
  2. Israel incrementa esta violencia mediante el desalojo forzado y la destrucción de las casas y propiedades palestinas, la tala de sus olivos, la humillación en los puestos de control, las golpizas, los apedreamientos y agresiones de las bandas de fanáticos sionistas, el asesinato arbitrario de hombres, mujeres y niños, y un largo etcétera.
  3. Entonces los palestinos responden mediante manifestaciones pacíficas, que son reprimidas con fuego real, como vimos en las Marchas por el Retorno, o con cierto grado de violencia, la que le permiten sus escasos recursos.
  4. En cualquiera de los casos, Israel responde con masacres.

Los medios al servicio de Israel, que es lo mismo que decir al servicio del imperialismo estadounidense, comienzan informando a partir del punto 3, lo cual no es informar, sino manipular, despistar y mentir a fuerza de equiparar la violencia del oprimido con la violencia del opresor, blanqueando de este modo la violencia estructural y sistemática que Israel ejerce sobre el pueblo palestino.

Es el guión que siguen las grandes corporaciones mediáticas, como la BBC, cadena británica totalmente comprada por el lobby sionista, la CNN y tantas otras; así como los portavoces de los gobiernos serviles a Estados Unidos, cuyo Estado número 51 es de facto -como acertadamente dijera una vez el sociólogo James Petras– Israel.

Así hemos visto también a la “izquierdista” ministra de Asuntos Exteriores del Reino de España, Arancha González Laya, repetir como un loro el guión del Amo sionista al declarar lo preocupada que está por los cohetes lanzados desde Gaza, haciendo tabla rasa del bombardeo con equipo militar de alta tecnología sobre una población indefensa, que se ha cobrado ya más de un centenar de víctimas mortales, entre ellas niños y niñas.

Y, como no podía ser menos, a través de su Alto Representante para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Josep Borrell, la Unión Europea acaba de mostrar también su más firme apoyo a la matanza de palestinos que está llevando a cabo el ente israelí, con un mensaje que lleva implícita la exigencia al pueblo palestino de poner la otra mejilla y dejarse masacrar.

Ninguna condena salió de la boca de estos portavoces cuando la policía israelí asaltó la mezquita de al-Aqsa. Nadie recordó a Netanyahu que este tipo de asaltos a los lugares de culto, sean de la religión que sean, son ilegales según la Convención de La Haya de 1954. Podemos imaginar qué distinta habría sido la reacción si, por ejemplo, Irán hubiese enviado a un comando armado a irrumpir en una misa en la catedral de Notre Dame de París.

Señora González Laya y señor Borrell ¿En qué se diferencia su postura de la de cualquier representante de la derecha o la extrema derecha? Son ustedes una vergüenza y una desgracia, un insulto a la inteligencia de los millones de personas que quedamos en el mundo con capacidad de discernir y reconocer que la violencia del amo y del esclavo no se pueden equiparar, puesto que la propia relación de esclavitud es en sí la forma suprema de violencia.

Hagamos nuestra la causa palestina, defendamos con toda la fuerza moral de la razón su derecho a la existencia, la vuelta de los refugiados, la recuperación de su tierra, al fin de la ocupación.

Desenmascaremos la hipocresía de quienes hablan de derechos humanos cuando permiten bloqueos, sanciones y guerras de exterminio que violan los de millones de personas en varias partes del mundo, incluida Palestina. Sólo la solidaridad internacional activa, a través del boicot a Israel, podrá parar la mayor operación de limpieza étnica de la historia reciente.

Palestina Vencerá. Viva la resistencia del pueblo palestino.

(Publicado en Canarias Semanal, el 14 de mayo de 2021)

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