Talleres del FAI, otoño 26. Sesión 1: Transición
El pasado 11 de octubre, el FAI celebró la primera de las sesiones programadas para el otoño de 2026; el tema estaba centrado en analizar el periodo de transición en el que confrontan el multilateralismo y la hegemonía, con un resultado incierto. He aquí la síntesis del debate:
Caracterización del Periodo de Transición y Crisis del Orden Internacional
1. Introducción y Marco Conceptual: ¿Transición Geopolítica o Crisis Estructural?
El debate arranca con una reflexión profunda sobre la naturaleza del momento histórico actual. Los participantes coinciden en que el mundo se encuentra en un punto de inflexión decisivo, aunque surgen matizaciones conceptuales relevantes sobre cómo calificar este proceso: ¿se trata de un periodo de transición geopolítica o de una crisis estructural del capitalismo?
El debate terminológico y la identidad de la época
- La transición como periodo autónomo: Se plantea que no estamos ante un mero paso rápido entre dos puntos, sino ante un periodo identificable por sí mismo. La tendencia hacia el abandono de la unipolaridad posterior a la Guerra Fría está en marcha, pero el mundo no ha alcanzado aún un orden multipolar consolidado. Nos encontramos en un «interregno» caracterizado por la presencia de piezas y estructuras transitorias —o desechables— que sirven para transitar, pero que están destinadas a desaparecer una vez cumplida su función.
- Sucesión de crisis vs. crisis sistémica: Se señala que en los últimos 25 años la realidad no ha presentado una crisis aislada, sino una concatenación casi permanente de sacudidas de diversa índole. Frente al concepto clásico de «transición», algunos intervinientes prefieren hablar abiertamente de crisis estructural y de legitimación del capitalismo, argumentando que las bases sobre las que se asentaba el modelo de acumulación y su justificación ideológica han comenzado a agrietarse de forma irreversible.
La toma de conciencia histórica
Se recurre a una analogía histórica con la literatura y la sociología del siglo XIX (el tránsito del feudalismo al capitalismo y la modernidad reflejado en obras como el Fausto de Goethe, Frankenstein o las reflexiones del Manifiesto Comunista). Lo verdaderamente distintivo del periodo actual no es únicamente la aparición de fenómenos como la violencia, la automatización o las pugnas geopolíticas —los cuales ya estaban presentes a finales del siglo XX—, sino la toma de conciencia colectiva de que el mundo conocido tras la Segunda Guerra Mundial ha dejado de funcionar.
Los relatos sobre la democracia liberal, el orden jurídico internacional y las promesas del libre mercado están perdiendo su capacidad para legitimarse ante la sociedad.
2. Diagnóstico de la Crisis Económica y Financiera Multidimensional
El análisis económico del debate profundiza en cómo las dinámicas del capital han conducido a un callejón sin salida, donde la financiarización extrema choca contra los límites físicos y sociales del planeta.

La concurrencia de cuatro tipos de crisis
Uno de los diagnósticos centrales es que el poder económico actual no enfrenta un problema cíclico ordinario, sino la convergencia simultánea de cuatro niveles de crisis:
- Una crisis estructural del modelo de producción.
- Una crisis sistémica del modo de organización capitalista.
- Una crisis cíclica corta (ritmos de ~10 años).
- Una crisis cíclica larga (ondas de ~50 años).
Esta coincidencia temporal provoca que los mecanismos tradicionales de corrección de las élites fracasen, obligándolas a recurrir a la arbitrariedad, la desinhibición autoritaria y la imposición de la fuerza.
El agotamiento del capitalismo financiero y el fenómeno rentista
Apoyándose en teorías sobre la acumulación de capital (como las formuladas por Rosa Luxemburgo), se repasa la necesidad que tiene el sistema capitalista de expandirse hacia «exteriores no capitalistas» para extraer materias primas baratas y absorber sus excedentes de producción. Tras la globalización neoliberal, esos mercados exteriores se han agotado o han quedado fuera del alcance de Occidente.
Al caer la tasa de ganancia en la economía productiva real, el capital derivó masivamente hacia el sector financiero. Este proceso ha alcanzado cotas insostenibles:
- La trampa de la deuda y la inflación: La inyección masiva de liquidez (quantitative easing) para postergar las crisis solo ha conseguido cronificar la inflación y empobrecer a las poblaciones.
- El mercado de derivados financieros: Se destaca que la economía financiarizada se ha desvinculado de los bienes reales. El volumen de los derivados financieros llegó a multiplicar por casi diez el PIB mundial. Dado que estos compromisos de deuda y especulación no se pueden pagar ni drenar, el capital acumulado se refugia en mercados rentistas (como el inmobiliario), paralizando la inversión productiva en Occidente.
3. Geopolítica del Imperio, la Multipolaridad y la Segunda Guerra Fría
El terreno geopolítico ocupa una parte sustancial del análisis, centrándose en el declive hegemónico de Estados Unidos y la respuesta del Estado Profundo ante el ascenso incontrolado del bloque alternativo.
El fracaso del plan globalista frente a China
El proyecto de la élite globalista tras el colapso de la Unión Soviética pasaba por integrar a China en el sistema mundial como una «fábrica sometida» que proveyera mercancías baratas mientras Occidente controlaba los flujos financieros y la acumulación de plusvalía. Sin embargo, China no siguió ese guion: mantuvo el control estatal sobre el sistema financiero y bancario, protegió su soberanía y desarrolló un capitalismo productivo de altísima eficiencia.
Hoy en día, China habla «de tú a tú» con las potencias occidentales. Cuando Occidente intentó imponerle aranceles o sanciones, la respuesta simétrica china (como la restricción de tierras raras) forzó a las potencias occidentales a retroceder.
La desdolarización como amenaza existencial
El avance de mecanismos de pago e intercambio en monedas locales impulsado por los BRICS, la OCS y la alianza entre Rusia, China e India representa la mayor amenaza para el sistema hegemónico. Se cita cómo desde la propia élite norteamericana se ha llegado a reconocer que la pérdida de la hegemonía del dólar como moneda de reserva mundial sería «peor que perder una guerra».
No obstante, se introduce un matiz de prudencia: China, debido al grado de imbricación actual de su economía con la estadounidense, no busca un colapso abrupto o caótico del dólar a corto plazo, sino una erosión progresiva mientras consolida sus propias instituciones alternativas.
Las dos estrategias de la oligarquía de EE. UU.
En el debate se analizan dos corrientes dentro de la élite dominante estadounidense:
- La facción globalista (asociada al Estado Profundo y al aparato tradicional de inteligencia y defensa): Empeñada en mantener el dominio planetario, la expansión de la OTAN y el acoso a Rusia y China a cualquier precio.
- La facción de repliegue nacionalista/regionalista (representada de forma compleja por figuras como Trump o Vance): Consciente de la pérdida de capacidad industrial, aboga por replegarse al hemisferio occidental, tomar un control político y económico directo sobre América Latina y tratar de reindustrializar EE. UU.
| Estrategia de la Élites de EE. UU. | Ámbito de Acción | Objetivo Principal | Método |
|---|---|---|---|
| Línea Globalista | Cobertura Mundial (Eurasia, Europa) | Frenar la multipolaridad y mantener el dólar | Sanciones, guerra subsidiaria, desestabilización energética |
| Línea de Repliegue (Nacionalista) | Hemisferio Occidental (América Latina, Canadá) | Reasegurar recursos inmediatos y base industrial | Control político directo, proteccionismo, reestructuración |
El comportamiento destructivo de EE. UU. en Oriente Medio (acoso a Irán, desestabilización del estrecho de Ormuz) no se interpreta como un plan militarmente impecable, sino como una estrategia de sabotaje desesperada: al no poder controlar el desarrollo energético y productivo de Asia, buscan incendiar las fuentes de suministros para encarecer y dificultar el crecimiento de China y golpear a sus socios europeos.
La quiebra de la disuasión nuclear tradicional
Un punto de gran alarma en el debate es la constatación de que la disuasión nuclear tradicional (asentada en la Destrucción Mutua Asegurada) ha dejado de funcionar como freno psicológico. La dinámica del conflicto en Ucrania muestra un paulatino incremento en la escala de agresión, donde las doctrinas militares occidentales y rusas han comenzado a contemplar el uso de armas nucleares tácticas.
Existe una peligrosa ilusión en ciertos sectores de poder al asumir que un conflicto nuclear «limitado» o táctico es gestionable, obviando el riesgo casi inevitable de una escalada hacia la aniquilación total o el desencadenamiento de un conflicto por fallos de computación o error humano.
4. Revolución Tecnológica, Déficit Ideológico y el papel del Sur Global
La Inteligencia Artificial: entre el monopolio y la descentralización
El debate aborda el impacto de la Cuarta Revolución Industrial y la Inteligencia Artificial (IA) desde una perspectiva técnica y social:
- Origen y evolución del hardware: Se explica cómo el hardware sobre el que se cimenta la IA proviene de las GPU (Graphics Processing Units) desarrolladas originalmente para los videojuegos. Fabricantes como Nvidia o AMD han derivado la producción de estos procesadores vectoriales hacia gigantescos centros de cálculo en la nube (cloud computing).
- Amenazas e implicaciones sociales: La IA se percibe como una amenaza directa de superexplotación laboral, una herramienta de control social e hipervigilancia y un nuevo vector en el ámbito militar (considerada por algunos analistas como la nueva «arma de destrucción masiva»).
- Contrapopes y código abierto: A pesar del riesgo de acaparamiento monopolístico, existen contratendencias como el desarrollo del edge computing (ejecución de modelos en dispositivos locales) y el uso de estándares abiertos de libre distribución —donde China juega un papel clave liberando códigos muy potentes—. Esto permite que pequeños desarrolladores o minorías formen sus propios agentes de IA sin depender íntegramente de los gigantes corporativos.
- Ineludibilidad: Se concluye que, del mismo modo que no se pudo revertir la mecanización de la industria textil en el siglo XIX, no es posible renunciar a la IA. Las fuerzas sociales deben comprender sus debilidades e incorporarla críticamente a su trabajo formativo e ideológico.

El vacío de alternativas en Occidente
Se constata con amargura la falta de herramientas ideológicas en la izquierda y en los movimientos populares occidentales. Términos clásicos como imperialismo, internacionalismo o revolución han quedado desdibujados en el discurso público. Las poblaciones occidentales se perciben atomizadas, resignadas a defender las «migajas» del bienestar previo y atrapadas en una alternancia política artificial (donde las opciones de poder permanecen atadas al marco de la oligarquía financiera).
La esperanza en el Sur Global
Frente al pesimismo sobre las sociedades occidentales, el debate señala que la verdadera energía transformadora y emancipadora se encuentra en los pueblos del Sur Global. Países de África Occidental (como el ejemplo mencionado de Burkina Faso) o los procesos de articulación soberana en Asia y América Latina demuestran que el caos y la debilidad de las metrópolis coloniales abren una ventana de oportunidad real para la liberación. Como expresaba una cita recordada en la mesa: «A nosotros solo nos fue bien cuando ustedes en el Norte se peleaban».
5. Conclusiones y Perspectivas: Del Diagnóstico a la Transformación
El seminario concluye abriendo el gran interrogante táctico y estratégico: una vez que se ha logrado diagnosticar el problema, ¿cómo se interviene en la realidad para transformarla?
- Superar la trampa del estancamiento: Se rechaza tajantemente la idea de que «la política solo la deben hacer los políticos profesionales». Esa lógica representa una trampa que desmoviliza a la sociedad.
- El papel de las minorías conscientes: La historia demuestra —desde el Neolítico hasta los procesos revolucionarios del siglo XX como el cubano— que no son las grandes mayorías pasivas las que inician los cambios estructurales, sino minorías organizadas y decididas a asumir riesgos, chocar con la realidad y generar las condiciones para la transformación.
- Asumir el riesgo: La acción política transformadora conlleva la posibilidad del error, pero el inmovilismo o el purismo ideológico («el miedo a contaminarse») equivale a perpetuar el orden existente.
El periodo de transición que atravesamos se presenta, por tanto, como una época convulsa, peligrosa y llena de incertidumbre, pero al mismo tiempo como un espacio lleno de resquicios donde es posible —y urgente— articular nuevas formas de resistencia, soberanía y organización popular.









