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Las complejas relaciones entre Estados Unidos y América Latina, libro de Carlos Midence

A continuación, discurso de presentación del nuevo libro de Carlos Midence, Embajador de la República de Nicaragua en España, que realizara en la Casa de América el pasado 2 de diciembre nuestra compañera Ángeles Diez Rodríguez, Doctora en Sociología y Ciencias Políticas y profesora de la Universidad Complutense de Madrid.


Quiero dar las gracias a la Editorial Pigmalión por la invitación a presentar este libro del intelectual y, además, embajador de Nicaragua en el reino de España, Carlos Midence. También agradecer a Carlos Midence la oportunidad de leer su profunda visión, su visión situada, de las injerencias imperiales.

Especialmente es importante que se sigan presentando libros como este, ya que estoy convencida de que la cultura es uno de las mejores vacunas contra la pandemia de la ignorancia.

Pero especialmente textos como el de Carlos que van a la raíz, al fondo de la historia de donde surgen los monstruos que siguen operando contra América Latina, con o sin pandemia.

Midence nos ayuda a entender cómo y por qué de las intervenciones y la constante, repetida y sistemática agresión de Estados Unidos contra América Latina. Nos ayuda a desentrañar las razones que llevaron a este país a considerarse dueño del mundo y a tratar a sus vecinos como el “patio trasero de su casa”. Razones que no pueden ser explicadas sólo por factores económicos y políticos. De la misma forma que el imperialismo no puede ser sólo explicado como resultado de la concentración y expansión del capital monopolista de finales del siglo XIX.

Sin duda existen innumerables libros que nos describen con detalle la injerencia de EEUU en América Latina, esto podría hacernos pensar que éste es uno más de esos materiales. Sin embargo hay dos aspectos que hacen considerar este ensayo algo especial y novedoso dentro de la amplia bibliografía que existe sobre el tema.

Escribir desde el compromiso.

El primero de ellos y desde mi punto de vista el más importante: está escrito desde el compromiso; desde un posicionamiento ético y humano, sin por ello abandonar el rigor intelectual que toda investigación exhaustiva necesita.

Escribir un texto de recorrido tan amplio por la política exterior de EEUU, sin perderse y sin abandonar el horizonte y la identidad latinoamericana, sólo se puede hacer, como dice Carlos Midence, desde el ser nicaragüense. Desde un país que cuenta con el mayor número de intervenciones estadounidenses, lo cual no es cualquier cosa. Nicaragua es un paradigma y por eso mismo puede ser una buena guía para entender las estrategias para superar la dominación. Solo un nicaragüense podría poner la mirada como la pone Carlos tanto en el pasado como el futuro. En un pasado de lucha y resistencia antiimperialista y en un futuro común latinoamericano, próspero y soberano (que sin duda se hará realidad).

Nos dice Carlos que en realidad este libro “No es una historia de estas relaciones, sino un examen de las estrategias, fases, doctrinas que han sido desplegada con el objetivo de supeditar al mundo, o en este caso a la región nuestramericana, al modelo político-económico y simbólico inventado por los Estados Unidos”

La ideología el arma más mortífera del imperialismo

Me van a permitir ustedes que utilice el término imperialismo y no injerencia para continuar esta presentación. Porque el texto de Midence es de eso de lo que habla, de la forma más desarrollada y mortífera de la expansión capitalista: el imperialismo.

El segundo elemento que, desde mi punto de vista, supone una novedad en este libro es el énfasis que otorga el autor al aspecto cultural e ideológico de la dominación, así como al papel de las resistencias. Sin duda la ideología -la subjetividad a la que da forma esa ideología-, es un arma tan poderosa para matar conciencias como las bombas nucleares para matar cuerpos.

A lo largo de la historia, los imperios siempre han tratado de justificar el sometimiento de otros pueblos apelando a nobles principios. En el siglo XIX Inglaterra justificó su dominio de Asia y África como la “responsabilidad del hombre blanco” para “civilizar a los pueblos oscuros”. Los franceses decían estar movidos por el deseo de llevar la cultura superior y universal a los salvajes. Estados Unidos, siguiendo la estela anglosajona, ha desarrollado un amplio abanico de justificaciones y doctrinas para aplastar con su bota de hierro a los países latinoamericanos.

Con ayuda de un aparato de propaganda, como explicó N. Chomsky en “La quinta libertad” (sobre la intervención de los Estados Unidos en América Central), que ha operado de forma sistemática y constante, el imperio estadounidense ha conseguido expandir su dominio más allá de lo que nunca lograron otros países.

Acaban de celebrarse las elecciones presidenciales en EEUU, y el hecho de que todo el planeta haya estado expectante no es un hecho banal. Ilustra la magnitud del poder y de la violencia que ejerce este país sobre el resto del mundo.

Sin embargo, hay que reconocer también que, fruto de las resistencias de pueblos -y de gobiernos como el nicaragüense, o el cubano o el venezolano- esa hegemonía planetaria de EEUU está en declive. El profesor Atilio Boron dice que es como un avión en descenso, EEUU ya no es más un hegemón pero en esa caída todavía es el país más peligroso del planeta.

La hegemonía cultural e ideológica, campo de batalla contra el imperialismo.

El texto de Carlos no es sólo una investigación histórica exhaustiva, se ocupa de ir ensartando de forma minuciosa todas las cuentas en hilos teóricos que son fundamentales, así se apoya en los grandes sociólogos como Bourdieu o Foucault.

Aquí me gustaría apuntar precisamente a cómo Bourdieu plantea el poder de EEUU como capacidad para convertir un particular en un universal, esta es una de las claves de la hegemonía estadounidense: generalizar una forma de vida.

Para Bourdieu el poder no sólo había que entenderlo en términos económicos, como acumulación de bienes y recursos, sino más fundamentalmente como Capital simbólico. En cierta forma Foucault también aportó en esta misma línea cuando planteaba la horizontalidad del poder, un poder que es capilar y que funciona porque transita en red. Foucault explicó en su genealogía del poder las distintas formas por las que históricamente ha transitado el poder, desde el poder disciplinario hasta el poder que se ejerce hoy en día mediante la biopolítica (la gestión y administración de la vida y la muerte) La obra de este autor rica y creativa nos ayuda a desentrañar los dispositivos de los que se vale el poder para ejercer su dominio y explotación, especialmente en el campo de lo ideológico y cultural.

Todas estas líneas diversas de análisis del funcionamiento del poder que van reproduciéndose y complejizándose, tienen un común punto de partida, y este es Gramsci y el concepto de hegemonía. En el libro de Carlos vamos viendo cómo se ha ido construyendo esta hegemonía estadounidense en América Latina; y podemos ver cómo se concretan y se entrecruzan algunas de las aportaciones de estos teóricos que le sirven al autor de faros en su navegación por la historia de la injerencia estadounidense.

Así, aunque los imperios tienen una larga data, y la desposesión y el saqueo es un denominador común a todos ellos, sólo podemos hablar de imperialismo en el sentido moderno con la generalización del capitalismo, que no es sólo un modo de producción sin más. El capitalismo no sólo produce mercancías para generar valor del que se apropia una élite sino que, para reproducirse, necesita también producir seres humanos. Esto hace que el dominio estadounidense tenga rasgos específicos derivados del desarrollo de las fuerzas productivas (sobre todo la tecnología) y del dominio ideológico y cultural. Si EEUU encabeza el ranking de la barbarie imperial es porque desde su origen, desde la independencia de las trece colonias inglesas, nació ya como un país capitalista.

Y como todo país que identifica los intereses del Capital con los intereses del Estado sus relaciones exteriores están al servicio de la apropiación de materias primas y recursos. Uno de los marcos teóricos que mejor han explicado el desarrollo desigual y combinado y las formas modernas de apropiación y despojo, ha sido la Teoría de la dependencia que surgió en los años 70 y trató de explicar el subdesarrollo de América Latina. Una de las vertientes de esa teoría, la marxista, como actualiza Claudio Katz, perdura y sigue dando frutos teóricos importantes.

El análisis de la dependencia de América Latina y el Occidente imperialista.

Encontramos de nuevo una apoyatura de Midence en la Teoría de la dependencia, analizando en el terreno cómo el capitalismo actuó desde mediados del siglo XX adaptando una forma particular de explotación del continente una vez que EEUU se convirtió en el hegemón occidental.

En el análisis que hace Carlos de la relación colonialismo/imperialismo está siempre presente el carácter estructural de la dominación. J.P. Sartre decía en 1961 que el “colonialismo es un sistema”, de tal forma explicaba que no hay un colonialismo bueno y otro malo, ni es posible plantear, como hacían algunos políticos franceses respecto a Argelia que el problema estaba en que no se invertía lo suficiente para desarrollar esta “provincia de ultramar”. Bajo la bota de hierro del colonialismo, sin independencia política ni soberanía tal desarrollo no era más que una ensoñación imposible.

Ese carácter estructural es el que permite al autor vincular el término imperialismo a Occidente en su conjunto, porque aunque sea EEUU quien invada, ocupe, extorsione y expolie América Latina, fue en el continente europeo donde se gestaron tanto la ideología legitimadora de la expansión capitalista como las prácticas, instrumentos y actores principales de la guerra imperialista.

Aunque Europa se apropió de los conceptos griegos de democracia, ciudadano, libertad, igualdad, etc. no cabe duda de que el proceso de apropiación iba de la mano de la fundamentación de un mundo y una sociabilidad que en nada se parecían al construido por las polis griegas. De hecho Grecia fue Oriente hasta bien entrado el siglo XIX. Civilización y barbarie debe más a la tradición cristiana que a la oriental y cuaja sus significados al tiempo que se va construyendo un sistema jurídico-político secularizado (Weber) que irá disolviendo los dilemas morales de la cristiandad.

En el capitalismo la cultura es un instrumento y el lenguaje el vehículo mediante el que se ejerce el dominio, la subordinación tanto como el consentimiento. Para Midence “La retórica, es el elemento persuasivo que, mediante diversidad de vehículos, el imperialismo ha puesto en práctica para justificar y legitimar sus desposesiones”. El manejo del lenguaje constituye una verdadera tecnología de la dominación. De ahí que en este libro encontremos algunas claves para desactivar esos dispositivos de poder insertos en la génesis de las doctrinas imperiales. La ley positiva y el Estado de Derecho, actúan de teologías normalizadoras de las relaciones de subordinación, incluidas las relaciones internacionales. Detrás de la ley y el Estado moderno, es decir, detrás del sistema jurídico moderno está el dominio de una clase social sobre otra, nos decía el profesor cubano Julio Fernández Bulté.

Para finalizar creo que este es uno de los grandes logros del libro, ilustrar y separar los discursos justificadores de las prácticas de dominio imperialista. Desentrañar la retórica estadounidense y leer las relaciones entre Estados Unidos y América Latina en clave de poder y resistencia.

Madrid 2 de diciembre de 2020

 

1 Comment

  1. […] Para finalizar creo que este es uno de los grandes logros del libro, ilustrar y separar los discursos justificadores de las prácticas de dominio imperialista. Desentrañar la retórica estadounidense y leer las relaciones entre Estados Unidos y América Latina en clave de poder y resistencia.https://frenteantiimperialista.org/blog/2020/12/08/las-complejas-relaciones-entre-estados-unidos-y-a… […]

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