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DOS UNIVERSOS ANTAGÓNICOS. Farruco Sesto

Es inevitable meditar en estos días sobre el tema moral. Conversar al respecto. E incluso, si cuadra, escribir sobre ello.

Todo porque el emperador de turno dijo que, en cuestión de relaciones internacionales, él solamente se guía por su moral.

Lo cual, según se entiende, equivale a decir que, para tomar sus decisiones, a él le funciona desconocer códigos de conducta, usos y costumbres, y reglas predeterminadas. No le interesa sino su propia moralidad.

Con la obvia consecuencia de que, con ello, el apotegma occidental del “mundo basado en reglas” termina sorpresivamente en el basurero. Palabra del jefe mayor.

Ni usos ni costumbres. Sólo la fuerza física. Tal es la moral que ahora se impone: la moral de la fuerza.

¿Dónde nos coloca esto?

¿Será así, que, como país pequeño que es, Venezuela tiene que someterse irremediablemente al Imperio?

Nos vemos obligados entonces a recurrir a la historia.

Y aparece un concepto allí, insurgente, que nos pertenece. No el de la moral de la fuerza, sino el de su antagonista: la fuerza moral.

Una fuerza moral que incorpora, sin duda, la capacidad de victoria.

Recordamos entonces a Vietnam, por poner un ejemplo. O a la indoblegable Cuba, por poner otro ejemplo.

¿Y por qué no a la sabiduría de un hombre que, sí, supo de rebeldías, batallas y victorias, como lo es Simón Bolívar?

Oigamos con atención lo que escribió en el Manifiesto de Cartagena: “en el orden de las vicisitudes humanas no es siempre la mayoría de la masa física la que decide, sino que es la superioridad de la fuerza moral la que inclina hacia sí la balanza política”

De modo que esa es nuestra fuerza: la fuerza moral, que no tiene límites: Lo dijo también Chávez en nuestro tiempo:

“…La moral, la mística, el espíritu de lucha de nuestro pueblo. Y eso tenemos que seguirlo fortaleciendo siempre. Porque eso no tiene límites, la fuerza moral, se va acumulando, se va sumando. Así como los rayos del Sol, la luz del Sol, no tiene límites., Puede llegar hasta los últimos confines del universo. Eso es lo más importante, mucho más que la máquina, mucho más que la maquinaria. Eso hoy lo estamos poniendo a prueba.” (HCH. 02/09/2012).

Confiemos, pues, en nosotros mismos. Confiemos en nuestro pueblo. Confiemos al máximo en nuestros líderes, con la seguridad de que venceremos. Unidad, lucha, batalla y victoria. Leales siempre, traidores nunca.

(Publicado en Correo del Orinoco, el 22 de enero de 2026)

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