PÓNGANLE CUIDADO A LA LETRA. Farruco Sesto
Pónganle cuidado a la letra, que la letra lo dice todo.
(Hugo Chávez)
Esta frase ocasional, digamos menor, de Chávez, me da pie para conversar sobre una de sus grandes frases mayores: “Unidad, Lucha, Batalla, Victoria”, con la que nos despidió el ocho de diciembre de 2012.
Años antes, exactamente el 4 de febrero de 1992, otra de sus grandes frases nos había marcado para siempre: “…por ahora los objetivos que nos planteamos no fueron logrados…”.
En este otro punto había llegado la hora de cerrar un ciclo.
Unidad, Lucha, Batalla, Victoria, la hemos repetido cientos de veces, y otras miles y miles la hemos oído repetir, casi como un mantra, una jaculatoria, una consigna o una oración ritual, corriendo el riesgo de perder de vista su significado profundo.
Es por eso que me gustaría hacer este ejercicio personal de ponerle “cuidado a la letra” de esta instrucción suprema del comandante Chávez. Una instrucción, que al menos yo, y sé que millones como yo, la he asumido como un mandato.
Un mandato sencillo de cuatro palabras entrelazadas para formar una única ecuación de compromiso. Ofrezco humildemente mi interpretación. Pónganle cuidado a la letra.
UNIDAD
Lo primero que hay que decir es que mantener a toda costa la unidad significa honrar nuestra gran deuda histórica con Bolívar, que murió clamando por ella en su última proclama: “¡Si mi muerte contribuye a que cesen los partidos y se consolide la unión, yo bajaré tranquilo al sepulcro!”
No es fácil imaginarla, construirla y mantenerla, lo sabemos. Contraria al vicio natural de la fragmentación que se repetía una y otra vez como terrible maldición histórica, la unidad es una virtud colectiva que se sustentó, a partir del liderazgo del Comandante Chávez, sobre una superior conciencia política.
Condición indispensable para resistir, y para avanzar cuando corresponde, pienso que la unidad responde a la mirada hacia el escenario completo, al proyectar lúcidamente en el tiempo las dificultades de una transformación social profunda.
Es por lo tanto una virtud que se basa en el desprendimiento, la generosidad de ánimo, y desde luego, en la voluntad de integrarse a un gran proyecto colectivo que trascienda nuestras visiones parciales y propósitos personales. Pues solo unidos somos y seremos realmente invencibles. Así vino a decirlo Chávez aquel día: “porque los adversarios, los enemigos del país no descansan ni descansarán en la intriga, en trata de dividir, y sobre todo aprovechando circunstancias como estas, pues. Entonces, ¿cuál es nuestra respuesta? Unidad, unidad y más unidad”.
LUCHA
En términos políticos, la lucha es el concepto que corresponde a un gran esfuerzo prolongado y que puede durar, incluso, siglos. Así la lucha por la independencia absoluta, la lucha por la completa emancipación económica, la lucha por alcanzar una sociedad de iguales, infinitamente más justa y humana. En nuestro caso, precisamente, todas esas cosas juntas, además de otras.
Y para ello precisamente es que se necesita la unidad de los revolucionarios, la unidad de la Fuerza Armada en fusión cívico militar, y, sobre todo, la unidad de los patriotas y de todo el pueblo. Porque el esfuerzo nacional en bloque, sostenido en el tiempo, es lo único que garantiza que se mantenga la pulsión hacia los grandes objetivos a ser alcanzados en el horizonte posible y deseable.
El comandante Argimiro Gabaldón decía en los sesenta del pasado siglo: “El camino es largo, pero es el camino”. Y nosotros decimos hoy en nuestras consignas corales: “Chávez vive, la lucha sigue”. Y también: Chávez vive, la patria sigue”, asociando la lucha con la patria como dos conceptos que, en nuestras condiciones, van entrañablemente unidos, trascendiendo nuestras existencias personales.
Nuestro compromiso profundo, de todos y de cada uno, es con la persistencia en la lucha. Que nada ni nadie, en ninguna circunstancia, doblegue esa voluntad existencial y todo lo que de ella se desprende.
BATALLA
¡Ah, pero cada batalla es distinta, es única, en el mapa del tiempo! Con sus propias circunstancias, a veces favorables, otras veces no tanto, y su particular correlación de fuerzas.
Algunas las perderemos, como las perdieron nuestros libertadores, porque tal vez ello sea inevitable, pero lo que no debemos perder nunca es el espíritu de lucha, así como la visión estratégica, que deben ser renovados en cada batalla.
Advirtiendo siempre, y más estos tiempos complejos, donde cuenta mucho también el escenario geopolítico que envuelve a los contendores, que no todas las batallas se dan estrictamente en el terreno militar.
Así, en una guerra híbrida como la que el enemigo lanzó contra nosotros desde que nuestro pueblo alcanzó el poder político, el concepto de batalla se fue transformando y desplegando en distintos frentes. Cada uno con su propio escenario de confrontación. De tal modo que se pudiera hablar de una combinación de distintos medios, además de los militares. Vale decir: políticos, diplomáticos, económicos, financieros, cibernéticos, sicológicos, comunicacionales, entre otros, que pudieran ser vistos cada uno de ellos como escenarios de batallas específicas dentro de una gran confrontación.
En Venezuela nos hemos hecho expertos en tener que lidiar con todo esto, sin perder el ánimo de combate, con la idea siempre de que cada batalla debe ser asumida con el ánimo de ganarla.
Sabiendo además que a todo esto habrá que sumarle además las propias batallas con nosotros mismos, por avanzar en el conocimiento, en la conciencia y en la voluntad de organizarnos para hacer lo que inexorablemente tenemos que hacer.
VICTORIA
Con una absoluta confianza en ella, quiero decir, en la victoria final y definitiva de esta larga lucha que absorbe el esfuerzo de generaciones, nos levantamos todos los días para vencer en cada batalla planteada
Y siempre por amor. Y siempre con la bandera de la causa humana.
Entendiendo que la victoria no llegará en un día único, especialmente señalado, con música de ángeles que suenen sus trompetas sobre nuestras cabezas, porque tal vez la imagen corresponde a escenarios ya superados. Aunque ¿quién sabe?
Ahora la victoria, cuando llegue su hora, que ha de llegar, seguramente la veremos irse consolidando poco a poco, en el esfuerzo sostenido de la lucha continua. Unidos como una única fuerza liberadora, nos veremos crecer a nosotros mismos tanto en propósitos como en logros.
Por lo de pronto sabemos con la seguridad de quienes se saben vencedores, que nadie podrá despojarnos de nuestra grandeza, incluyendo en ella la naturaleza de lo que somos, un pueblo invicto, noble y orgulloso de si, de su memoria histórica y de los pasos que lo han traído hasta este punto.
Somos chavistas y bolivarianos. ¿quién nos puede despojar de esa condición? Nada ni nadie, en esta época geopolíticamente tan difícil. Pues como escribió un poeta, viejo amigo mío: Portamos las banderas y las ganas / de conquistar la vida merecida./ Y aquí estamos, unidos, hermanados, / en esta larga y decisiva lucha / en medio del fragor de una batalla / por alcanzar el pan de la victoria.
(Publicado en Correo del Orinoco el 10 de septiembre de 2026)









