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Una pregunta básica

Llevo unos días sin tiempo para nada, mientras las llamas iluminan no se sabe qué pero sí que están quemando el viejo mundo neoliberal por todas partes: Haití, Líbano, Ecuador, Chile, Argelia… incluso Catalunya, aunque tal vez me haya ido un poco al extremo.

El FMI y el BM están agonizando pero quieren morir matando, y lo hacen a través de sus cipayos ecuatorianos o chilenos, por mencionar solo dos.

Bolivia demuestra que se pueden andar otros caminos, Venezuela sigue resistiendo, mal que bien, y este domingo en Argentina y Uruguay veremos hasta dónde se llega.

Pero al hilo de todo ello solo hay que hacerse una pregunta básica: ¿qué es peor, consentir la destrucción a gran escala de lo público, fomentar la desigualdad social en aras de la propiedad privada y aplastar la soberanía nacional (y me estoy refiriendo expresamente a Chile) o destruir o saquear unas cuantas tiendas u ocupar unas cuantas carreteras e invadir estaciones de tren o de metro?

Quien se haga esta pregunta ya está dentro de un nuevo concepto de matemáticas dentro de la lucha de clases: en el Estado canalla  (más conocido como España) aumentan significativamente los millonarios, en Chile las ganancias de los grandes empresarios superan en 10 veces las de la población si hay que hacer caso de los datos gubernamentales. Alguien (David Harvey) dijo que esto era «acumulación por desposesión», es decir, yo tengo mucho porque te he quitado mucho. En el caso de Chile, las privatizaciones del agua, electricidad, gas, salud, medicina, transporte, educación, salinas, cobre, glaciares…

Quien no sepa aplicar el nuevo concepto de matemáticas dentro de la lucha de clases verá reproducido en su carne el viejo refrán de «la letra, con sangre entra». Ahí está la policía, el ejército para abrir cabezas con la finalidad de que entre este concepto. Eso vale para todo tipo de situaciones. Y si aún quedan recalcitrantes, criminalización, estados de excepción y toques de queda. Democracia en estado puro.

También hay una vía intermedia, más democrática aún: cooptar a los de siempre, a los timoratos. Eso ocurrió en Ecuador, está ocurriendo en Catalunya y está a punto de ocurrir en Chile.

Y siempre nos quedará la Academia de los Nobel (nunca entenderé a quienes van de progres y presentan candidaturas) para dar una pátina de legitimidad al capitalismo moribundo dandos sus premios de economía a quienes estudian la pobreza. Y todo el mundo contento porque «el sistema funciona».

Así que menos mal que las llamas iluminan, aunque aún no se sepa qué. Tal vez en América Latina se comience a ver, con ellas, un nuevo camino.

P.D.- Por cierto, me lo acaban de mandar; muy recomendable: https://represionenchile.com/

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1 Comment

  1. Que hermoso texto. Que verdadero gracias Alberto. Abrazo. Sara.

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