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Anchorage: camino de ida y vuelta. Montserrat de Luna

Unos meses después del recién estrenado segundo mandato presidencial de Donald Trump, una vez allanado el camino entre EE UU y Rusia mediante una secuela de conversaciones telefónicas y contactos diplomáticos de diversa índole, el nuevo mandatario estadounidense consiguió reunirse cara a cara con Vladimir Putin en una base militar de Anchorage, Alaska, en el verano de 2025. Las sorprendentes imágenes del encuentro transmitidas por los medios de comunicación iban a contracorriente del bloqueo diplomático al enemigo ruso ejercido durante los años de la administración Biden. Aunque el contenido de lo tratado en Anchorage es todavía objeto de especulación y controversia, es evidente que el encuentro representaba ante los ojos del mundo un acercamiento entre EE UU y Rusia, y alentaba la expectativa de un posible acuerdo respecto al conflicto en Ucrania. Durante meses, Putin y parte de la cúpula rusa se han acogido públicamente a lo que aludían como the Anchorage formula, y no han tenido reparos en disociar a EE UU de sus aliados cuando tocaba reaccionar a las provocaciones occidentales posteriores al encuentro en Alaska. Algo difícil de entender teniendo en cuenta el interés de EE UU en desestabilizar y someter a Rusia por medio de Ucrania, manifestado de forma explícita por parte de la administración Biden, pero que pasaba a tener matices distintos con Trump 2.0. Putin parecía ver ahí una oportunidad política y se mostraba dispuesto a seguir el juego ¿Un ejercicio de ambigüedad estratégica por parte de ambos presidentes? A saber. Lo que sí se demostró claramente es que se trataba de un juego arriesgado. A finales de diciembre de 2025, en el curso de una conversación telefónica entre Putin y Trump, la residencia del primero en Valdai sufrió un ataque masivo con drones. Lo que resultó ser un malogrado intento de magnicidio por parte de Ucrania y sus garantes occidentales —el mismo Trump quizás implicado—, iba a dejar una honda huella en las relaciones entre los dos mandatarios a partir de entonces. El supuesto entendimiento de Anchorage, cualquiera que fuese, era cada vez más papel mojado. Ya en 2026, tras un convulso primer semestre en el que las potencias occidentales han continuado la escalada bélica contra Rusia, apenas queda lugar a engaños con la nueva administración Trump. Así, por ejemplo, el académico ruso Karaganov no ha dudado en calificar de broma a la reunión de Anchorage [Anchorage it’s a joke], y un significado representante de la cúpula rusa como Lavrov, ministro de Asuntos Exteriores, no se anda con rodeos y habla directamente de la “guerra de Occidente” contra Rusia. El mismo Putin, en una reunión celebrada en el Kremlin el pasado 23 de junio, declaró lo siguiente ante un grupo de cadetes recién graduados:

«Podemos observar que, mientras que en el pasado los países de la OTAN se limitaban a apoyar al régimen de Kiev, que llegó al poder ilegalmente mediante el uso de la fuerza armada y un golpe de Estado, hoy Occidente habla abiertamente de prepararse para una guerra contra nosotros y de incrementar sus presupuestos para ofensivas militares.

Sin embargo, para justificar estos gastos y la radical militarización de sus países, los jefes de Estado de la OTAN y la UE recurren nuevamente a mentiras sobre la supuesta amenaza militar de Rusia.

El plan de acción del Occidente pseudodemocrático es muy simple: primero crean amenazas contra nuestro país, obligándonos a tomar las medidas necesarias para defenderlo y protegerlo, y luego nos acusan inmediatamente de toda clase de pecados capitales para justificar su continua política agresiva y sus acciones agresivas contra Rusia. Lo sabemos muy bien. Incluso después del ataque traicionero a la Unión Soviética el 22 de junio de 1941 —y fue un ataque traicionero—, Occidente y la Alemania de Hitler intentaron acusar a la Unión Soviética y a Stalin de agresión contra lo que hoy conocemos como el “Occidente colectivo”. Resulta sorprendente que ciertos círculos pseudocientíficos sigan considerando seriamente esta cuestión.

Quisiera recalcar que Rusia siempre ha defendido la seguridad igualitaria e indivisible para todos. Creemos que este objetivo solo puede alcanzarse mediante la creación de un sistema multipolar de relaciones internacionales y garantizando de forma fiable la seguridad militar de cada país. Al mismo tiempo, estamos preparados para responder con prontitud y eficacia a cualquier amenaza, tanto externa como interna»

En cuanto a la parte contraria, el secretario de estado de EE UU, Marco Rubio, se encargó de despejar dudas dos días después:

«Hubo una propuesta en Alaska, pero no hubo un acuerdo. Si hubiera habido un acuerdo hubiéramos llegado al fin de la guerra».

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